70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial: del horror nazi al terror rojo en Alemania
La informacion
– El Día del Elba (un 25 de abril de 1945) las fuerzas aliadas
lideradas por Estados Unidos y el soviético Ejército Rojo penetraron en
Berlín para partir la capital del efímero Tercer Reich en dos y colocar
el primer ladrillo el Muro que avergonzaría al mundo hasta 1989.
Faltaban doce días para la capitulación del Nazismo y el fin de la II
Guerra Mundial después de seis años en los que Europa se desangró en
destrucción, odio y muerte. Aquel día, los ideólogos del
nacionalsocialismo apostaron por un enfrentamiento en las calles de
Berlín entre las fuerzas capitaneadas por Estados Unidos y la armada
soviética. Pero erraron en sus cálculos. Hitler ya había perdido la
batalla que hizo temblar los cimientos del mundo.
Hace 70 años Alemania firmaba en la localidad francesa de Reims su
rendición ante los aliados. Lo hacía el 7 de mayo frente a británicos,
ingleses y estadounidenses. Un día después, haría lo mismo frente a los
soviéticos. Lord Montgomery leía los términos de la capitulación a lo
que quedaba del Estado Mayor alemán. Churchill dijo entonces que “la
rendición incondicional de nuestros enemigos fue la mayor explosión de
alegría de la historia de la humanidad”. Dos de los actores principales
de la contienda ya habían fallecido. El 30 de abril, Adolf Hitler -“el
animal de histéricas pezuñas”, como lo describió Thomas Mann- se había
suicidado en su bunker berlinés.
El 12 de abril fallecía Franklin Delano
Roosevelt. El presidente estadounidense perdía la vida de un modo
inesperado mientras trabajaba en su escritorio.
Sin embargo, más allá de las hermosas palabras de Churchill, la
rendición alemana dio lugar a un epílogo de atrocidades. El escenario
propiciaba el dolor: calles sazonadas de cadáveres apilados, ciudades
reducidas a escombros y una marabunta errando sin rumbo buscando calor y
cobijo. La Stavka -el Estado Mayor Supremo de las Fuerzas Armadas de la
Unión Soviética- reaccionó con ira ante la rendición germana ante
británicos y estadounidenses y exigió que la Wehrmacht firmara su
correspondiente capitulación ante los rusos.
El gobierno soviético, conocedor del sentido histórico del momento,
exigió que se “ratificara” la rendición de Reims ante el Ejército Rojo.
Precisamente al día siguiente, al filo de la medianoche, los generales
alemanes fueron trasladados a Berlín, donde en la noche del 8 de mayo
firmaron un documento similar en el cuartel general soviético situado en
la localidad de Karlshorst. Suscrita la rendición, comenzó la venganza
de la Madre Rusia contra el nazismo en represalía por las atrocidades
cometidas por éstos en el frente soviético, especialmente en la cruda
batalla de Stalingrado.
Los soviéticos entendieron la rendición como plácet para saciar su
ansia de sangre y dinamitaron la Convención de Ginebra y el Derecho
Internacional. Comenzaba la era del Terror Rojo. Los episodios de
ejecuciones sumarias, asesinatos en masa de prisioneros de guerra,
violaciones, y maltrato de civiles en los territorios polacos
anexionados por la Unión Soviética y en las zonas de ocupación aliada en
Alemania bajo control de la URSS se sucedieron sin misericordia. El
ensañamiento de los rusos incluyó la violación de 2.000.000 de mujeres
alemanas por soldados soviéticos en su avance por el Tercer Reich.
Aproximadamente un 10% fueron posteriormente asesinadas.
Los historiadores de cabecera de la Unión Soviética nunca
reconocieron tamañas atrocidades. De hecho, ningún miembro de las
Fuerzas Armadas Soviéticas se sentó nunca en un tribunal para responder
por estos crímenes. Mientras el Juicio de Nuremberg condenaba a todo
oficial nazi capturado. Tras provocar la diáspora judía, Alemania
contemplaba en aquellos días un éxodo de millones de sus ciudadanos que
escapaban de la ira soviética.
¿Por qué perdió Alemania la II Guerra Mundial?
¿Cómo es posible que la perfecta maquinaria bélica alemana que
conquistó toda Europa en apenas meses fuera derrotada en la II Guerra
Mundial? Estas son algunas de las claves:
La batalla por la conquista de Inglaterra se enquistó. El miedo a la
Royal Navy británica hizo que Hitler prefiriera enfrentarse a la RAF, la
aviación inglesa. A los bombardeos constantes de Londres los aviadores
del Reino Unido respondieron con ataques a Berlín. En esta prueba de
resistencia, Churchill llegó a reconocer que si la Batalla de Inglaterra
hubiese durado una sola noche más, se hubiesen rendido. Pero esa noche
nunca llegó.
Hitler minusvaloró el arma con la que pudo derrotar a Inglaterra: los submarinos nazis U-Boots.
Pelear en tres frentes era una locura. Hitler lo sabía pero lo hizo
igualmente. Los alemanes golpearon fulminantemente a la Unión Soviética y
llegaron hasta Stalingrado. La URSS estuvo contra las cuerdas. Sin
embargo, como Napoleón un siglo antes, los oficiales nazis subestimaron
al General Invierno.
Sobreestimar Stalingrado frente a Moscú que era el centro neurálgico del Partido Comunista.
Hitler, absolutamente crecido con su inexorable avance inicial, se
creyó poseedor de la verdad absoluta de la estrategia militar a seguir.
Nunca escuchó las advertencias de sus oficiales.
Si las divisiones Panzer hubieran estado frente a Normandía, el
desembarco hubiera sido el peor desastre sufrido por los Aliados en la
contienda. Hitler prefirió situar al general Romell, ‘el zorro del
desierto’, en el norte de África primero y ante Italia después.
La entrada de EEUU en la II Guerra Mundial con sus fábricas de
armamento lejos de las dianas de la Alemania Nazi. En un principio,
Estados Unidos declaró la guerra a Japón sin mencionar a Alemania. Fue
el Tercer Reich quien declaró la guerra a EEUU.
El drama oculto de las violaciones masivas durante la caída de Berlín (BBC Mundo)
La actuación de las tropas de la Unión Soviética en la derrota de la
Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos
más gloriosos de esa nación.
Sin embargo, 70 años después, la revisión de esos días finales de la
guerra saca a relucir un ángulo oscuro de esa historia: las violaciones
masivas de mujeres alemanas a manos de soldados soviéticos.
A continuación compartimos testimonios que, cabe la advertencia, algunos lectores pueden encontrar perturbadores.
El precio de Berlín
En las afueras de Berlín, en el parque Treptower, hay una estatua de
unos 12 metros de alto, con la figura de un soldado soviético con una
espada en la mano y una muchacha alemana en la otra, pisando una
esvástica rota.
Así simbolizan el lugar donde murieron 5.000 de los 80.000 soldados
del Ejército Rojo caídos en Berlín entre 16 de abril y el 2 de mayo de
1945.
La colosal proporción del monumento refleja la escala del sacrificio.
Resulta inevitable observar la inscripción que tiene la estatua donde
se lee que el pueblo soviético salvo a la civilización europea del
fascismo.
No obstante, para muchos este memorial se llama La Tumba del Violador Desconocido.
Existen registros de innumerables casos de violaciones cometidas por
tropas del Ejército Rojo en la capital alemana, aun cuando de esto no se
habló en los años siguientes al final de la guerra, y particularmente
es tabú en Rusia hasta la fecha.
Los medios rusos suelen calificar las violaciones masivas como mitos
de Occidente, aunque muchos de los datos hallados han sido extraídos del
diario de un joven soldado soviético.
El diario que narra el horror
Vladimir Gelfand era un joven teniente judío, proveniente de la
región central de Ucrania, quien escribió con una franqueza brutal todos
los pormenores de las atrocidades de la guerra desde 1941. A pesar de
que el ejército había prohibido llevar diarios, por considerarlos un
riesgo para la seguridad.
El manuscrito ha sido ampliamente publicado y pinta la situación
caótica de la vida en su batallón, caracterizada por raciones miserables
de comida, piojos, antisemitismo y robos (donde se robaban hasta las
botas a sus compañeros).
En febrero de 1945, Gelfand estaba destacado cerca de la represa del
río Oder, donde el ejército se preparaba para el golpe final sobre
Berlín. Ahí cuenta cómo sus camaradas rodeaban y aniquilaban batallones
de mujeres alemanas combatientes.
“Las gatas alemanas que capturábamos decían que estaban vengando a
sus maridos muertos”, escribe el teniente. “Debemos destruirlas sin
misericordia. Nuestros soldados sugieren apuñalarlas en sus genitales,
pero yo solo las ejecutaría”.
Uno de los pasajes más reveladores lo escribió el 25 de abril, cuando
ya habían llegado a Berlín. Gelfand cuenta que estaba dando vueltas en
una bicicleta por el río Spree, cuando se topó con un grupo de alemanas
que cargaban maletas y bultos.
Con su alemán precario preguntó a dónde iban y por qué habían abandonado sus hogares.
“Con horror en sus rostros me contaron lo que les había ocurrido la
primera noche que arribó el Ejército Rojo a la ciudad”, escribió.
“Me clavaron aquí”, dijo una de las muchachas y se levantó la falda.
“Toda la noche. Eran viejos y otros tenían espinillas. Todos se montaron
por turnos. No menos de 20 hombres”, dijo antes de estallar en
lágrimas.
El teniente cuenta que la muchacha de repente se le tiró encima y le
dijo: “Tú puedes acostarte conmigo. Haz lo que quieras conmigo, ¡pero
solo tú!”.
Para ese entonces ya los abusos y violaciones cometidas por los
soldados alemanes en la Unión Soviética eran ampliamente conocidos
durante los últimos cuatro años, lo cual Gelfand había conocido de
primera mano mientras se abrían paso hacia Alemania.
Los alemanes atacaron primero
El hijo de Gelfand, Vitaly, cuenta que su padre vio cómo los soldados
nazis acabaron con pueblos completos, matando incluso a niños pequeños.
También vio evidencias de violaciones masivas.
El ejército alemán supuestamente era una fuerza bien organizada
compuesta por arios que no contemplaban tener sexo con lo que ellos
consideraban como subhumanos.
No obstante, de acuerdo con el historiador de la Escuela de Altos
Estudios de Economía en Moscú, Oleg Budnitsky, esa prohibición fue
abiertamente ignorada.
De hecho, los oficiales nazis estaban tan preocupados por los casos
de enfermedades venéreas que establecieron una cadena de burdeles
militares a través de los territorios ocupados.
Es difícil constatar como fueran tratadas las rusas por los soldados
alemanes, dado que la mayoría no sobrevivió a la ocupación, pero el
Museo Ruso Alemán en Berlín, dirigido por Jorg Morre, muestra una
fotografía del cadáver de una mujer tumbado sobre el suelo, tomada en
Crimea por un soldado alemán.
“Luce como si ella hubiese sido asesinada al ser violada o después.
Su falda está levantada y sus manos están sobre su cara”, dice Morre.
La hora de la venganza
Cuando el Ejército Rojo inició su marcha hacia Alemania, llamada por
la prensa soviética como “la guarida de la bestia”, se publican posters
alentando a los soldados a mostrar su rabia: “Soldado: ahora estás en
tierra alemana. Llegó la hora de la venganza”.
El historiador Antony Beevor cuenta que mientras realizaba su
investigación para desarrollar el libro “La caída”, en 2002, encontró
documentos de violencia sexual en los archivos de la Federación Rusa.
Habían sido recabados por la policía secreta y enviados a su jefe,
Lavrentiy Beria, a finales de 1944.
“Estos fueron presentados a Stalin. Ahí están los reportes de
violaciones masivas en Prusia Oriental, y de cómo las alemanas preferían
matar a sus hijas y a ellas mismas para evitar ese destino”, señala
Beevor.
Adaptarse para sobrevivir
Otra fuente de información es el diario de la novia de un soldado
alemán, donde se lee que las mujeres se adaptaban a terribles
circunstancias con tal de sobrevivir.
Empezando el 20 de abril de 1945, diez días antes de que Adolfo
Hitler se suicidara, la autora anónima describe las escenas de sus
vecinos durante los bombardeos a Berlín.
La mujer cuenta que las personas corrían hacia el refugio que había
en su edificio y menciona a un “joven de pantalones grises y lentes, que
al mirarlo más de cerca resultó ser una mujer”.
También describe a tres hermanas ancianas que permanecían abrazadas
todo el tiempo y que solían bromear diciendo: “Mejor un Russky (ruso)
encima, que en un Yank (yanqui) en la cabeza”. En otras palabras, que
era preferible una violación a ser pulverizadas por los bombardeos
estadounidenses.
Cuando los soviéticos llegaron, las mujeres la pidieron a la diarista
que usara su conocimiento del ruso para hablar con el oficial al cargo,
así que ella salió del refugio y habló con él, pero éste solo se
encogió de hombros. “Pasó lo que iba pasar de todas formas”, escribió
luego.
Los soldados aprovecharon que los vecinos se mantuvieron encerrados
en el refugio para violarla brutalmente y casi estrangularla. Cuando los
vecinos salieron, la encontraron con sus medias caídas hasta los
zapatos. En la mano todavía tenía uno de los tirantes de su sostén.
Ella comenzó a gritarles: “¡Cerdos, dejaron que me violaran dos veces
seguidas y me dejaron ahí tirada como si fuera basura!”, se lee en el
diario.
Luego comprendió que para mantenerse a salvo de las violaciones
masivas tenía que encontrar un “lobo” que la protegiera. Comenzó una
relación menos violenta y más transaccional con un oficial de
Leningrado.
“De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco,
azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy
segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona”,
escribió.
El diario fue publicado en 1959 con el título “Una mujer de Berlín”,
pero generó fuertes protestas del público por considerar que el libro
dañaba la reputación de las mujeres alemanas.
Nuevas denuncias 70 años después
El 70 aniversario del fin de la guerra trajo consigo nuevas
investigaciones y denuncias de abusos sexuales cometidos por los Aliados
–soldados estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos-, que han
comenzado a surgir.
Sin embargo, el sentimiento liberador para la mujeres se materializó
en 2008 con el estreno de la película Anónima, una adaptación del libro
“Una mujer de Berlín”, produciendo un efecto catártico para muchas
víctimas que habían permanecido en silencio hasta entonces.
Una de ellas es Ingeborg Bullert, hoy de 90 años de edad. La mujer
cuenta que cuando llegaron los soviéticos a su barrio en Berlín, había
tanques en la calle. Como todos se refugió en el sótano de su edificio.
Una de las noches de bombardeo, salió del refugio y fue a buscar a su
apartamento un pedazo de cuerda para colgar una lámpara. De repente la
sorprendieron dos soldados soviéticos que la sometieron con pistolas.
“Me violaron los dos. Pensé que me matarían”, recuerda. Ingeborg
nunca contó su amarga experiencia, le parecía muy difícil decírselo a
alguien. “A mi mamá le gustaba alardear con que a su hija no la habían
trocado”, relata.
Nunca se sabrá el número de víctimas
Solo entre junio de 1945 a 1946 hubo 995 peticiones de abortos en uno
de los distritos de Berlín. Los archivos tienen reportes escritos a
mano con escritura infantil, denunciando violaciones en la sala de sus
casas frente a sus padres.
Pero probablemente nunca se sepa una cifra definitiva de víctimas.
Fuentes de información de los tribunales militares permanecen
clasificadas.
70. Jahrestag des Endes des Zweiten Weltkriegs: Vom Nazi-Terror zum roten Terror in Deutschland
Die Informationen
-
Elbe Day (25. April 1945):
An diesem Tag trafen amerikanische und sowjetische Truppen an der Elbe
bei Torgau zusammen. Es war ein symbolträchtiger Moment, der das
baldige Ende des Dritten Reiches einleitete und das Fundament für
eine Nachkriegsordnung legte, die Europa bis 1989 prägen sollte.
Nur noch zwölf Tage trennten die Welt von der bedingungslosen
Kapitulation des nationalsozialistischen Deutschlands und dem Ende
eines sechsjährigen Krieges, der Europa in Zerstörung, Hass
und Tod gestürzt hatte.
An jenem Tag rechneten die
letzten Nationalsozialisten mit einer alles entscheidenden
Straßenschlacht um Berlin zwischen amerikanischen und
sowjetischen Truppen. Doch ihre Berechnungen erwiesen sich als falsch:
Hitler hatte seine letzte Schlacht verloren – die Schlacht, die
die Grundfesten der Welt erschüttert hatte.
Deutschland unterzeichnete
am 7. Mai 1945 im französischen Reims die bedingungslose
Kapitulation gegenüber den britischen und amerikanischen
Streitkräften. Am 8. Mai folgte ein zweites Dokument –
diesmal gegenüber der Sowjetunion, im Hauptquartier der Roten
Armee in Berlin-Karlshorst. Die Übergabe wurde von Marschall
Schukow und den restlichen Vertretern der Alliierten angenommen.
Winston Churchill bezeichnete diesen Moment als „die
größte Explosion der Freude in der Geschichte der
Menschheit“. Doch zwei der wichtigsten Akteure dieser Weltordnung
waren zu diesem Zeitpunkt bereits tot: Adolf Hitler hatte sich am 30.
April in seinem Bunker in Berlin das Leben genommen, und der
amerikanische Präsident Franklin D. Roosevelt war am 12. April
überraschend an seinem Schreibtisch verstorben.
Trotz der triumphalen
Worte Churchills folgten der deutschen Kapitulation neue
Gräueltaten – nicht zuletzt begünstigt durch die
trostlose Realität: verwüstete Städte, Leichenberge auf
den Straßen, Flüchtlingsströme, die verzweifelt nach
Schutz und Nahrung suchten.
Die sowjetische
Führung – die Stavka, der oberste militärische
Führungsstab der UdSSR – reagierte verärgert auf die
Kapitulation in Reims vor den Westalliierten. Moskau forderte eine
gesonderte und symbolisch bedeutsame Unterzeichnung vor der Roten
Armee. Diese fand am 8. Mai in Berlin-Karlshorst statt.
Mit dem endgültigen
Sieg begann jedoch auch die Rache der Roten Armee. Die Erinnerungen an
die Gräueltaten der Deutschen an der Ostfront, insbesondere
während der Schlacht von Stalingrad, wurden zum moralischen
Freibrief für eigene Verbrechen. Für viele sowjetische
Soldaten war die Bestrafung der Zivilbevölkerung Teil dieser
Vergeltung.
Der Sieg wurde von Teilen
der Roten Armee als Lizenz verstanden, das Kriegsrecht und die Genfer
Konvention zu ignorieren. Eine Phase begann, die in historischen
Debatten oft als Roter Terror
bezeichnet wird: Massenerschießungen, die Ermordung deutscher
Kriegsgefangener, systematische Vergewaltigungen und Gewalttaten gegen
die Zivilbevölkerung in den von den Sowjets kontrollierten
Gebieten – sowohl im besetzten Deutschland als auch in den
annektierten Teilen Polens.
Die vielleicht grausamste
Facette dieser Rache war die systematische Vergewaltigung deutscher
Frauen. Schätzungen gehen davon aus, dass rund zwei Millionen
Frauen von sowjetischen Soldaten vergewaltigt wurden – ein
Großteil davon mehrfach. Etwa 10 % der Opfer überlebten
diese Gewaltakte nicht.
Diese Verbrechen sind bis
heute ein dunkles Kapitel der sowjetischen Kriegsgeschichte. Die
sowjetische Führung hat die Gräueltaten nie offiziell
anerkannt, kein einziger sowjetischer Soldat wurde je zur Rechenschaft
gezogen. Während die Täter des Dritten Reiches in
Nürnberg verurteilt wurden, blieben die Verbrechen der Sieger
unbeachtet.
Für viele
Überlebende bedeutete das Kriegsende nicht Befreiung, sondern den
Beginn eines neuen Traumas. Manche Historiker sprechen in diesem
Zusammenhang von einem „Exodus im Kopf“: Millionen Deutsche
versuchten zu fliehen – nicht nur vor den Trümmern ihrer
Heimat, sondern auch vor der Rache des Ostens.
Warum verlor Deutschland den Zweiten Weltkrieg?
Wie war es möglich,
dass die scheinbar perfekte deutsche Kriegsmaschinerie, die in nur
wenigen Monaten weite Teile Europas unterwarf, im Zweiten Weltkrieg
besiegt wurde? Hier sind einige entscheidende Punkte:
Der Versuch, England zu
erobern, geriet ins Stocken. Aus Angst vor der Royal Navy entschied
sich Hitler, die britische Luftwaffe (RAF) anzugreifen. Die
kontinuierliche Bombardierung Londons beantworteten britische Flieger
mit Luftangriffen auf Berlin. In dieser Phase erkannte Churchill, dass,
wenn die Luftschlacht um England noch eine weitere Nacht gedauert
hätte, sie sich möglicherweise ergeben hätten. Doch
diese Nacht kam nie.
Hitler unterschätzte
die Waffe, mit der England tatsächlich hätte besiegt werden
können: die U-Boote der Kriegsmarine.
Ein Krieg an drei Fronten
war Wahnsinn. Hitler wusste das – und tat es trotzdem.
Deutschland überrollte die Sowjetunion in einem vernichtenden
Angriff und stand bald vor Stalingrad. Die UdSSR war am Rand des
Zusammenbruchs. Doch wie Napoleon ein Jahrhundert zuvor
unterschätzten die Nationalsozialisten den „General
Winter“.
Statt die Front bei
Stalingrad zu stabilisieren, glaubte man, Moskau als Zentrum der
kommunistischen Partei müsse um jeden Preis fallen.
Hitler, der zunehmend in
seiner eigenen Propaganda gefangen war, hielt sich für den
alleinigen Hüter der militärischen Wahrheit. Er ignorierte
die Warnungen seiner Generäle.
Hätten die
Panzerdivisionen rechtzeitig in der Normandie gestanden, wäre die
alliierte Landung wohl zur Katastrophe geworden. Doch Hitler schickte
den legendären General Rommel, den „Wüstenfuchs“,
zuerst nach Nordafrika und dann nach Italien.
Der Kriegseintritt der
USA, mit einer Industrieproduktion weit entfernt von jeder deutschen
Reichweite, war ein Wendepunkt. Die USA erklärten nicht
Deutschland den Krieg – es war Hitler, der den Vereinigten
Staaten den Krieg erklärte.
Das verborgene Drama der Massenvergewaltigungen beim Fall Berlins (BBC)
Die militärische
Leistung der Roten Armee bei der Niederwerfung des
nationalsozialistischen Deutschlands gilt als einer der ruhmreichsten
Momente in der Geschichte der Sowjetunion.
Doch 70 Jahre später
offenbaren Rückblicke auf die letzten Kriegstage eine
düstere, lange verdrängte Realität: die massenhaften
Vergewaltigungen deutscher Frauen durch sowjetische Soldaten.
Zahlreiche Berichte und Zeitzeugen weisen darauf hin – doch sie sind nichts für schwache Nerven.
Der Preis von Berlin
Am Rande Berlins, im
Treptower Park, steht ein zwölf Meter hohes Denkmal: ein
sowjetischer Soldat mit einem Schwert in der einen und einem deutschen
Mädchen in der anderen Hand, tritt auf ein zerbrochenes Hakenkreuz.
Das Denkmal symbolisiert
den Ort, an dem 5.000 der insgesamt 80.000 sowjetischen Soldaten
begraben sind, die zwischen dem 16. April und dem 2. Mai 1945 in der
Schlacht um Berlin gefallen sind.
Die monumentale
Größe des Denkmals spiegelt das Ausmaß der Opfer
wider. In die Statue eingraviert ist der Satz, dass das sowjetische
Volk die europäische Zivilisation vom Faschismus gerettet habe.
Gelfand ritt ein Fahrrad zum ersten Mal in Berlin.
Doch für viele ist
dieses Denkmal ein Grabmal des unbekannten Vergewaltigers. Es
existieren zahlreiche Berichte über Verbrechen, die von Einheiten
der Roten Armee in der deutschen Hauptstadt begangen wurden –
auch wenn diese in den Jahren nach dem Krieg kaum thematisiert wurden
und bis heute in Russland ein Tabuthema darstellen.
Russische Medien bezeichnen
die Massenvergewaltigungen häufig als westliche Mythen, obwohl
viele belastbare Informationen aus dem Tagebuch eines jungen
sowjetischen Soldaten stammen.
Das Tagebuch erzählt den Horror
Wladimir Gelfand war ein
junger jüdischer Leutnant aus der zentralen Ukraine, der seit 1941
mit erschütternder Offenheit die Gräueltaten des Krieges
dokumentierte – obwohl es Soldaten der Roten Armee streng
verboten war, Tagebuch zu führen, da dies als Sicherheitsrisiko
galt.
Das Manuskript wurde
vielfach veröffentlicht und zeichnet ein eindrucksvolles Bild vom
chaotischen Leben in seinem Bataillon – geprägt von
miserablen Essensrationen, Läusen, Antisemitismus und Diebstahl
(bis hin zu gestohlenen Stiefeln unter Kameraden).
Im Februar 1945 befand
sich Gelfand in der Nähe der Oder-Staumauer, wo seine Einheit sich
auf den letzten Angriff auf Berlin vorbereitete. Er beschreibt, wie
seine Kameraden Bataillone von deutschen Frauen, die gekämpft
hatten, umzingelten und vernichteten.
„Die deutschen
Weiber, die wir gefangen nahmen, behaupteten, sie wollten ihre toten
Ehemänner rächen“, schreibt der Leutnant. „Wir
müssen sie ohne Gnade vernichten. Unsere Soldaten schlugen ihnen
auf die Genitalien – aber nur diejenigen, die dann hingerichtet
wurden.“
Die Zeitungen wurden verboten, weil sie als eine Bedrohung für die Sicherheit.
Eine der
eindrücklichsten Passagen schrieb Gelfand am 25. April, als seine
Einheit Berlin erreichte. Er notierte, wie er mit dem Fahrrad an einer
Spinnerei an der Spree entlangfuhr und dabei auf eine Gruppe Deutscher
stieß, die Koffer und Bündel mit sich trugen.
Mit seinem brüchigen Deutsch fragte er, wohin sie unterwegs seien und warum sie ihre Häuser verlassen hätten.
„Mit Entsetzen in den
Gesichtern erzählten sie mir, was in der ersten Nacht geschah, als
die Rote Armee in die Stadt kam“, schrieb er.
„Ich bin hier unten
gesteckt worden“, sagte eines der Mädchen und hob ihren
Rock. „Die ganze Nacht über. Die einen waren alt, die
anderen hatten Pickel. Einer nach dem anderen – alle
nacheinander. Nicht weniger als zwanzig Männer“, sagte sie,
bevor sie in Tränen ausbrach.
Gelfand notierte weiter,
dass sich das Mädchen plötzlich auf ihn stürzte und
sagte: „Du kannst bei mir schlafen. Tu mit mir, was du willst
– aber nur du!“
Bis zu diesem Zeitpunkt
waren die Verbrechen der deutschen Soldaten in der Sowjetunion –
die zahllosen Verletzungen, Zerstörungen und Tötungen –
allgemein bekannt. Gelfand jedoch hatte diese Schrecken auf dem Weg
nach Deutschland selbst miterlebt.
Die Deutschen griffen zuerst
Gelfands Sohn Vitaly
berichtet, dass sein Vater gesehen hatte, wie Wehrmachtssoldaten ganze
Dörfer zerstörten und selbst kleine Kinder ermordeten. Auch
Spuren massiver Gewaltverbrechen hatte er beobachtet.
Sowjetischen Soldaten verteilt Nahrung unter Berlinern.
Die deutsche Armee galt als
eine gut organisierte Truppe, zusammengesetzt aus sogenannten
„Ariern“, denen sexueller Kontakt mit als
„Untermenschen“ betrachteten Frauen offiziell verboten war.
Doch laut dem Historiker
Oleg Budnitsky von der Hochschule für Wirtschaft in Moskau wurde
dieses Verbot offen ignoriert. Nazi-Funktionäre waren derart
besorgt über die Ausbreitung von Geschlechtskrankheiten, dass sie
ein Netz militärischer Bordelle in allen besetzten Gebieten
einrichteten.
Wie russische Zivilisten
von deutschen Soldaten behandelt wurden, lässt sich heute nur
schwer rekonstruieren, da die meisten die Besatzung nicht
überlebten. Doch das Deutsch-Russische Museum in Berlin, geleitet
von Jörg Morre, zeigt ein erschütterndes Foto: den leblosen
Körper einer Frau, aufgenommen auf der Krim durch einen deutschen
Soldaten.
„Es sieht so aus,
als sei sie vergewaltigt oder unmittelbar danach getötet worden.
Ihr Rock ist hochgeschoben, ihre Hände bedecken das
Gesicht“, so Morre.
Die Zeit der Rache
Als die Rote Armee ihren
Vormarsch auf Deutschland begann – in der sowjetischen Presse als
„die Höhle des Tieres“ bezeichnet –, erschienen
Plakate, die die Soldaten zur Vergeltung aufriefen: „Soldat, du
befindest dich jetzt auf deutschem Boden. Es ist Zeit für
Rache.“
Der Historiker Antony Beevor berichtet, dass er während seiner Recherchen zum Buch Berlin: The Downfall 1945
im Jahr 2002 auf Dokumente über sexuelle Gewalt in den Archiven
der Russischen Föderation stieß. Diese Berichte wurden Ende
1944 von der Geheimpolizei zusammengetragen und an deren Chef, Lawrenti
Beria, weitergeleitet.
„Diese Berichte
wurden Stalin vorgelegt“, erklärt Beevor. „Sie
dokumentieren Massenvergewaltigungen in Ostpreußen und schildern,
wie deutsche Familien ihre Töchter lieber töteten – und
sich selbst –, um diesem Schicksal zu entkommen.“
Anpassung als Überlebensstrategie
Eine weitere Quelle ist
das Tagebuch einer Freundin eines deutschen Soldaten. Darin beschreibt
sie, wie Frauen versuchten, sich an die grauenhaften Umstände
anzupassen, um zu überleben.
Ab dem 20. April 1945
– zehn Tage vor Hitlers Selbstmord – beschreibt die anonyme
Verfasserin die Szenen während der Bombardierungen Berlins. Sie
erzählt, wie sich Menschen in Luftschutzkellern ihres Wohnhauses
flüchteten und erwähnt eine „junge Frau in grauer Hose
und mit Sonnenbrille“, die zunächst für einen Mann
gehalten wurde.
Auch drei ältere
Frauen, die ständig beieinanderblieben, scherzten: „Lieber
ein Russe auf dir als ein Ami über dir.“ Mit anderen Worten:
Vergewaltigung erschien ihnen weniger schlimm als der Tod durch
amerikanische Bomben.
Als die Sowjets den
Keller betraten, baten die Frauen die Tagebuchschreiberin, auf Russisch
mit dem Offizier zu sprechen. Sie verließ den Schutzraum, redete
mit ihm, doch er zuckte lediglich mit den Schultern. „Es war
klar, dass das, was geschah, einfach geschehen würde“,
schrieb sie später.
Die Soldaten holten die
Nachbarin aus dem Keller, vergewaltigten sie brutal und würgten
sie fast zu Tode. Als die anderen Frauen sie später fanden, lagen
ihre Strümpfe lose um die Schuhe, und in ihrer Hand hielt sie noch
einen Träger ihres zerrissenen Büstenhalters.
„Die
Schweine“, schrie sie. „Sie haben mich zweimal
hintereinander vergewaltigt und dann wie Abfall liegengelassen“,
heißt es in der Aufzeichnung.
Berlin wurde von alliierten Bombenangriffe zerstört.
Dann erkannte sie, dass sie,
um sich vor weiteren massiven Übergriffen zu schützen, einen
"Wolf" finden musste – einen einzelnen sowjetischen Offizier, der
sie gewissermaßen beschützen würde. Sie begann eine
weniger gewaltsame, fast geschäftsmäßige Beziehung mit
einem Offizier aus Leningrad.
„Auf keinen Fall kann
ich sagen, dass er mich vergewaltigt“, schrieb sie. „Was
tue ich für Tabak, Zucker, Butter, Kerzen und Fleischkonserven? In
gewisser Weise bin ich in Sicherheit. Und je weniger er von mir will,
desto mehr mag ich ihn – als Mensch.“
Das Tagebuch wurde 1959 unter dem Titel Eine Frau in Berlin
veröffentlicht, löste jedoch heftige Proteste aus –
viele warfen dem Buch vor, es beschädige den Ruf der deutschen
Frauen.
Neue Vorwürfe – 70 Jahre später
Der 70. Jahrestag des
Kriegsendes brachte neue Untersuchungen und Vorwürfe sexuellen
Missbrauchs ans Licht, die sich nicht nur gegen sowjetische, sondern
auch gegen amerikanische, britische und französische Soldaten
richteten.
Doch für viele Frauen wurde das Schweigen erst im Jahr 2008 gebrochen, als der Film Anonyma – Eine Frau in Berlin
Premiere feierte – eine Adaption des gleichnamigen Tagebuchs. Der
Film hatte eine kathartische Wirkung auf viele Überlebende, die
bis dahin geschwiegen hatten.
Eine von ihnen ist
Ingeborg Bullert, heute 90 Jahre alt. Sie erinnert sich: Als die
Sowjets ihr Viertel in Berlin erreichten, standen Panzer auf der
Straße. Wie alle anderen floh sie in den Keller ihres Wohnhauses,
um Schutz zu suchen.
Die Frau dachte, sie würde sterben.
In einer der
Bombennächte verließ Ingeborg das Kellerversteck, um in
ihrer Wohnung ein Stück Seil zu holen, an dem sie eine Lampe
aufhängen wollte. Plötzlich wurde sie von zwei sowjetischen
Soldaten überrascht, die sie mit Gewehren bedrohten.
„Sie haben mich
vergewaltigt. Ich dachte, sie würden mich töten“,
erinnert sie sich. Ingeborg sprach nie über diese bittere
Erfahrung – es fiel ihr unvorstellbar schwer, jemandem davon zu
erzählen. „Meine Mutter prahlte gern damit, dass ihre
Tochter nicht angetastet worden sei“, sagt sie.
Die Zahl der Opfer bleibt ungewiss
Allein zwischen Juni 1945
und 1946 wurden in einem Berliner Stadtbezirk 995 Anträge auf
Schwangerschaftsabbruch gestellt. Die Akten enthalten Berichte von
Kindern, die handschriftlich schilderten, wie sie die Misshandlungen zu
Hause vor ihren Eltern erlebt hatten.
Doch eine endgültige
Zahl der Opfer wird wohl niemals bekannt sein. Die einzigen
verbleibenden Quellen sind verstreute Unterlagen sowjetischer
Militärgerichte – wenn sie überhaupt erhalten sind.
Die Sowjets hoben ihre Flagge über den Reichstagsgebäude.