• Nuestras Charlas Nocturnas "70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial: del horror nazi al terror rojo en Alemania"
  •  

    Esta entrada fue publicada el mayo 8, 2015. 

    Se archivó dentro de Opinion, Relatos, Se conmemora el dia de..... .

    actualidad, opinion, variedades.

     
     
         

    70 aniversario del fin de la II Guerra Mundial: del horror nazi al terror rojo en Alemania


     
    2014_12_8_ztPEPDYaRmPFqA7CgvnPk4[1]

    La informacion – El Día del Elba (un 25 de abril de 1945) las fuerzas aliadas lideradas por Estados Unidos y el soviético Ejército Rojo penetraron en Berlín para partir la capital del efímero Tercer Reich en dos y colocar el primer ladrillo el Muro que avergonzaría al mundo hasta 1989. Faltaban doce días para la capitulación del Nazismo y el fin de la II Guerra Mundial después de seis años en los que Europa se desangró en destrucción, odio y muerte. Aquel día, los ideólogos del nacionalsocialismo apostaron por un enfrentamiento en las calles de Berlín entre las fuerzas capitaneadas por Estados Unidos y la armada soviética. Pero erraron en sus cálculos. Hitler ya había perdido la batalla que hizo temblar los cimientos del mundo.

    Hace 70 años Alemania firmaba en la localidad francesa de Reims su rendición ante los aliados. Lo hacía el 7 de mayo frente a británicos, ingleses y estadounidenses. Un día después, haría lo mismo frente a los soviéticos. Lord Montgomery leía los términos de la capitulación a lo que quedaba del Estado Mayor alemán. Churchill dijo entonces que “la rendición incondicional de nuestros enemigos fue la mayor explosión de alegría de la historia de la humanidad”. Dos de los actores principales de la contienda ya habían fallecido. El 30 de abril, Adolf Hitler -“el animal de histéricas pezuñas”, como lo describió Thomas Mann- se había suicidado en su bunker berlinés. 

    El 12 de abril fallecía Franklin Delano Roosevelt. El presidente estadounidense perdía la vida de un modo inesperado mientras trabajaba en su escritorio.

    Sin embargo, más allá de las hermosas palabras de Churchill, la rendición alemana dio lugar a un epílogo de atrocidades. El escenario propiciaba el dolor: calles sazonadas de cadáveres apilados, ciudades reducidas a escombros y una marabunta errando sin rumbo buscando calor y cobijo. La Stavka -el Estado Mayor Supremo de las Fuerzas Armadas de la Unión Soviética- reaccionó con ira ante la rendición germana ante británicos y estadounidenses y exigió que la Wehrmacht firmara su correspondiente capitulación ante los rusos.

    El gobierno soviético, conocedor del sentido histórico del momento, exigió que se “ratificara” la rendición de Reims ante el Ejército Rojo. Precisamente al día siguiente, al filo de la medianoche, los generales alemanes fueron trasladados a Berlín, donde en la noche del 8 de mayo firmaron un documento similar en el cuartel general soviético situado en la localidad de Karlshorst. Suscrita la rendición, comenzó la venganza de la Madre Rusia contra el nazismo en represalía por las atrocidades cometidas por éstos en el frente soviético, especialmente en la cruda batalla de Stalingrado.

    Los soviéticos entendieron la rendición como plácet para saciar su ansia de sangre y dinamitaron la Convención de Ginebra y el Derecho Internacional. Comenzaba la era del Terror Rojo. Los episodios de ejecuciones sumarias, asesinatos en masa de prisioneros de guerra, violaciones, y maltrato de civiles en los territorios polacos anexionados por la Unión Soviética y en las zonas de ocupación aliada en Alemania bajo control de la URSS se sucedieron sin misericordia. El ensañamiento de los rusos incluyó la violación de 2.000.000 de mujeres alemanas por soldados soviéticos en su avance por el Tercer Reich. Aproximadamente un 10% fueron posteriormente asesinadas.

    Los historiadores de cabecera de la Unión Soviética nunca reconocieron tamañas atrocidades. De hecho, ningún miembro de las Fuerzas Armadas Soviéticas se sentó nunca en un tribunal para responder por estos crímenes. Mientras el Juicio de Nuremberg condenaba a todo oficial nazi capturado. Tras provocar la diáspora judía, Alemania contemplaba en aquellos días un éxodo de millones de sus ciudadanos que escapaban de la ira soviética.

    ¿Por qué perdió Alemania la II Guerra Mundial?

    ¿Cómo es posible que la perfecta maquinaria bélica alemana que conquistó toda Europa en apenas meses fuera derrotada en la II Guerra Mundial? Estas son algunas de las claves:

    La batalla por la conquista de Inglaterra se enquistó. El miedo a la Royal Navy británica hizo que Hitler prefiriera enfrentarse a la RAF, la aviación inglesa. A los bombardeos constantes de Londres los aviadores del Reino Unido respondieron con ataques a Berlín. En esta prueba de resistencia, Churchill llegó a reconocer que si la Batalla de Inglaterra hubiese durado una sola noche más, se hubiesen rendido. Pero esa noche nunca llegó.

    Hitler minusvaloró el arma con la que pudo derrotar a Inglaterra: los submarinos nazis U-Boots.

    Pelear en tres frentes era una locura. Hitler lo sabía pero lo hizo igualmente. Los alemanes golpearon fulminantemente a la Unión Soviética y llegaron hasta Stalingrado. La URSS estuvo contra las cuerdas. Sin embargo, como Napoleón un siglo antes, los oficiales nazis subestimaron al General Invierno.

    Sobreestimar Stalingrado frente a Moscú que era el centro neurálgico del Partido Comunista.

    Hitler, absolutamente crecido con su inexorable avance inicial, se creyó poseedor de la verdad absoluta de la estrategia militar a seguir. Nunca escuchó las advertencias de sus oficiales.

    Si las divisiones Panzer hubieran estado frente a Normandía, el desembarco hubiera sido el peor desastre sufrido por los Aliados en la contienda. Hitler prefirió situar al general Romell, ‘el zorro del desierto’, en el norte de África primero y ante Italia después.

    La entrada de EEUU en la II Guerra Mundial con sus fábricas de armamento lejos de las dianas de la Alemania Nazi. En un principio, Estados Unidos declaró la guerra a Japón sin mencionar a Alemania. Fue el Tercer Reich quien declaró la guerra a EEUU.

    El drama oculto de las violaciones masivas durante la caída de Berlín (BBC Mundo)

    La actuación de las tropas de la Unión Soviética en la derrota de la Alemania nazi durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos más gloriosos de esa nación.

    Sin embargo, 70 años después, la revisión de esos días finales de la guerra saca a relucir un ángulo oscuro de esa historia: las violaciones masivas de mujeres alemanas a manos de soldados soviéticos.

    A continuación compartimos testimonios que, cabe la advertencia, algunos lectores pueden encontrar perturbadores.

    El precio de Berlín

    En las afueras de Berlín, en el parque Treptower, hay una estatua de unos 12 metros de alto, con la figura de un soldado soviético con una espada en la mano y una muchacha alemana en la otra, pisando una esvástica rota.

    Así simbolizan el lugar donde murieron 5.000 de los 80.000 soldados del Ejército Rojo caídos en Berlín entre 16 de abril y el 2 de mayo de 1945.

    La colosal proporción del monumento refleja la escala del sacrificio. Resulta inevitable observar la inscripción que tiene la estatua donde se lee que el pueblo soviético salvo a la civilización europea del fascismo.


    Gelfand montó en bicicleta por primera vez en Berlín.
    Gelfand montó en bicicleta por primera vez en Berlín

    No obstante, para muchos este memorial se llama La Tumba del Violador Desconocido.
    Existen registros de innumerables casos de violaciones cometidas por tropas del Ejército Rojo en la capital alemana, aun cuando de esto no se habló en los años siguientes al final de la guerra, y particularmente es tabú en Rusia hasta la fecha.

    Los medios rusos suelen calificar las violaciones masivas como mitos de Occidente, aunque muchos de los datos hallados han sido extraídos del diario de un joven soldado soviético.

    El diario que narra el horror

    Vladimir Gelfand era un joven teniente judío, proveniente de la región central de Ucrania, quien escribió con una franqueza brutal todos los pormenores de las atrocidades de la guerra desde 1941. A pesar de que el ejército había prohibido llevar diarios, por considerarlos un riesgo para la seguridad.

    El manuscrito ha sido ampliamente publicado y pinta la situación caótica de la vida en su batallón, caracterizada por raciones miserables de comida, piojos, antisemitismo y robos (donde se robaban hasta las botas a sus compañeros).

     

    En febrero de 1945, Gelfand estaba destacado cerca de la represa del río Oder, donde el ejército se preparaba para el golpe final sobre Berlín. Ahí cuenta cómo sus camaradas rodeaban y aniquilaban batallones de mujeres alemanas combatientes.

    “Las gatas alemanas que capturábamos decían que estaban vengando a sus maridos muertos”, escribe el teniente. “Debemos destruirlas sin misericordia. Nuestros soldados sugieren apuñalarlas en sus genitales, pero yo solo las ejecutaría”.

     

    Los diarios estaban prohibidos por ser considerados un peligro para la seguridad.
    Los diarios estaban prohibidos por ser considerados un peligro para la seguridad.

    Uno de los pasajes más reveladores lo escribió el 25 de abril, cuando ya habían llegado a Berlín. Gelfand cuenta que estaba dando vueltas en una bicicleta por el río Spree, cuando se topó con un grupo de alemanas que cargaban maletas y bultos.

    Con su alemán precario preguntó a dónde iban y por qué habían abandonado sus hogares.
    “Con horror en sus rostros me contaron lo que les había ocurrido la primera noche que arribó el Ejército Rojo a la ciudad”, escribió.

    “Me clavaron aquí”, dijo una de las muchachas y se levantó la falda. “Toda la noche. Eran viejos y otros tenían espinillas. Todos se montaron por turnos. No menos de 20 hombres”, dijo antes de estallar en lágrimas.

    El teniente cuenta que la muchacha de repente se le tiró encima y le dijo: “Tú puedes acostarte conmigo. Haz lo que quieras conmigo, ¡pero solo tú!”.

    Para ese entonces ya los abusos y violaciones cometidas por los soldados alemanes en la Unión Soviética eran ampliamente conocidos durante los últimos cuatro años, lo cual Gelfand había conocido de primera mano mientras se abrían paso hacia Alemania.

    Los alemanes atacaron primero

    El hijo de Gelfand, Vitaly, cuenta que su padre vio cómo los soldados nazis acabaron con pueblos completos, matando incluso a niños pequeños. También vio evidencias de violaciones masivas.

    El ejército alemán supuestamente era una fuerza bien organizada compuesta por arios que no contemplaban tener sexo con lo que ellos consideraban como subhumanos.

    Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses.
    Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses.

    No obstante, de acuerdo con el historiador de la Escuela de Altos Estudios de Economía en Moscú, Oleg Budnitsky, esa prohibición fue abiertamente ignorada.

    De hecho, los oficiales nazis estaban tan preocupados por los casos de enfermedades venéreas que establecieron una cadena de burdeles militares a través de los territorios ocupados.

    Es difícil constatar como fueran tratadas las rusas por los soldados alemanes, dado que la mayoría no sobrevivió a la ocupación, pero el Museo Ruso Alemán en Berlín, dirigido por Jorg Morre, muestra una fotografía del cadáver de una mujer tumbado sobre el suelo, tomada en Crimea por un soldado alemán.

    “Luce como si ella hubiese sido asesinada al ser violada o después. Su falda está levantada y sus manos están sobre su cara”, dice Morre.


     

    La hora de la venganza

    Cuando el Ejército Rojo inició su marcha hacia Alemania, llamada por la prensa soviética como “la guarida de la bestia”, se publican posters alentando a los soldados a mostrar su rabia: “Soldado: ahora estás en tierra alemana. Llegó la hora de la venganza”.

    El historiador Antony Beevor cuenta que mientras realizaba su investigación para desarrollar el libro “La caída”, en 2002, encontró documentos de violencia sexual en los archivos de la Federación Rusa. Habían sido recabados por la policía secreta y enviados a su jefe, Lavrentiy Beria, a finales de 1944.

    “Estos fueron presentados a Stalin. Ahí están los reportes de violaciones masivas en Prusia Oriental, y de cómo las alemanas preferían matar a sus hijas y a ellas mismas para evitar ese destino”, señala Beevor.

    Adaptarse para sobrevivir

    Otra fuente de información es el diario de la novia de un soldado alemán, donde se lee que las mujeres se adaptaban a terribles circunstancias con tal de sobrevivir.

    Empezando el 20 de abril de 1945, diez días antes de que Adolfo Hitler se suicidara, la autora anónima describe las escenas de sus vecinos durante los bombardeos a Berlín.

     
     
    Berlín fue arrasada por los bombardeos aliados.
    Berlín fue arrasada por los bombardeos aliados.

    La mujer cuenta que las personas corrían hacia el refugio que había en su edificio y menciona a un “joven de pantalones grises y lentes, que al mirarlo más de cerca resultó ser una mujer”.

    También describe a tres hermanas ancianas que permanecían abrazadas todo el tiempo y que solían bromear diciendo: “Mejor un Russky (ruso) encima, que en un Yank (yanqui) en la cabeza”. En otras palabras, que era preferible una violación a ser pulverizadas por los bombardeos estadounidenses.

    Cuando los soviéticos llegaron, las mujeres la pidieron a la diarista que usara su conocimiento del ruso para hablar con el oficial al cargo, así que ella salió del refugio y habló con él, pero éste solo se encogió de hombros. “Pasó lo que iba pasar de todas formas”, escribió luego.

    Los soldados aprovecharon que los vecinos se mantuvieron encerrados en el refugio para violarla brutalmente y casi estrangularla. Cuando los vecinos salieron, la encontraron con sus medias caídas hasta los zapatos. En la mano todavía tenía uno de los tirantes de su sostén.

    Ella comenzó a gritarles: “¡Cerdos, dejaron que me violaran dos veces seguidas y me dejaron ahí tirada como si fuera basura!”, se lee en el diario.

     
     
    La mujer pensó que iba a morir.
    La mujer pensó que iba a morir.

    Luego comprendió que para mantenerse a salvo de las violaciones masivas tenía que encontrar un “lobo” que la protegiera. Comenzó una relación menos violenta y más transaccional con un oficial de Leningrado.

     

    “De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco, azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona”, escribió.

    El diario fue publicado en 1959 con el título “Una mujer de Berlín”, pero generó fuertes protestas del público por considerar que el libro dañaba la reputación de las mujeres alemanas.

    Nuevas denuncias 70 años después

    El 70 aniversario del fin de la guerra trajo consigo nuevas investigaciones y denuncias de abusos sexuales cometidos por los Aliados –soldados estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos-, que han comenzado a surgir.

    Sin embargo, el sentimiento liberador para la mujeres se materializó en 2008 con el estreno de la película Anónima, una adaptación del libro “Una mujer de Berlín”, produciendo un efecto catártico para muchas víctimas que habían permanecido en silencio hasta entonces.

    Una de ellas es Ingeborg Bullert, hoy de 90 años de edad. La mujer cuenta que cuando llegaron los soviéticos a su barrio en Berlín, había tanques en la calle. Como todos se refugió en el sótano de su edificio.

       
    Los soviéticos izaron su bandera sobre el parlamento alemán.

    Los soviéticos izaron su bandera sobre el parlamento alemán.

    Una de las noches de bombardeo, salió del refugio y fue a buscar a su apartamento un pedazo de cuerda para colgar una lámpara. De repente la sorprendieron dos soldados soviéticos que la sometieron con pistolas.

    “Me violaron los dos. Pensé que me matarían”, recuerda. Ingeborg nunca contó su amarga experiencia, le parecía muy difícil decírselo a alguien. “A mi mamá le gustaba alardear con que a su hija no la habían trocado”, relata.

    Nunca se sabrá el número de víctimas

    Solo entre junio de 1945 a 1946 hubo 995 peticiones de abortos en uno de los distritos de Berlín. Los archivos tienen reportes escritos a mano con escritura infantil, denunciando violaciones en la sala de sus casas frente a sus padres.

    Pero probablemente nunca se sepa una cifra definitiva de víctimas. Fuentes de información de los tribunales militares permanecen clasificadas.

     

    © nuestrascharlasnocturnas.com

     
     
     
     
     






    Spanisch

    70. Jahrestag des Endes des Zweiten Weltkriegs: Vom Nazi-Terror zum roten Terror in Deutschland


    2014_12_8_ztPEPDYaRmPFqA7CgvnPk4 [1]

    Die Informationen - 

    Elbe Day (25. April 1945): An diesem Tag trafen amerikanische und sowjetische Truppen an der Elbe bei Torgau zusammen. Es war ein symbolträchtiger Moment, der das baldige Ende des Dritten Reiches einleitete und das Fundament für eine Nachkriegsordnung legte, die Europa bis 1989 prägen sollte. Nur noch zwölf Tage trennten die Welt von der bedingungslosen Kapitulation des nationalsozialistischen Deutschlands und dem Ende eines sechsjährigen Krieges, der Europa in Zerstörung, Hass und Tod gestürzt hatte.

    An jenem Tag rechneten die letzten Nationalsozialisten mit einer alles entscheidenden Straßenschlacht um Berlin zwischen amerikanischen und sowjetischen Truppen. Doch ihre Berechnungen erwiesen sich als falsch: Hitler hatte seine letzte Schlacht verloren – die Schlacht, die die Grundfesten der Welt erschüttert hatte.

    Deutschland unterzeichnete am 7. Mai 1945 im französischen Reims die bedingungslose Kapitulation gegenüber den britischen und amerikanischen Streitkräften. Am 8. Mai folgte ein zweites Dokument – diesmal gegenüber der Sowjetunion, im Hauptquartier der Roten Armee in Berlin-Karlshorst. Die Übergabe wurde von Marschall Schukow und den restlichen Vertretern der Alliierten angenommen. Winston Churchill bezeichnete diesen Moment als „die größte Explosion der Freude in der Geschichte der Menschheit“. Doch zwei der wichtigsten Akteure dieser Weltordnung waren zu diesem Zeitpunkt bereits tot: Adolf Hitler hatte sich am 30. April in seinem Bunker in Berlin das Leben genommen, und der amerikanische Präsident Franklin D. Roosevelt war am 12. April überraschend an seinem Schreibtisch verstorben.

    Trotz der triumphalen Worte Churchills folgten der deutschen Kapitulation neue Gräueltaten – nicht zuletzt begünstigt durch die trostlose Realität: verwüstete Städte, Leichenberge auf den Straßen, Flüchtlingsströme, die verzweifelt nach Schutz und Nahrung suchten.

    Die sowjetische Führung – die Stavka, der oberste militärische Führungsstab der UdSSR – reagierte verärgert auf die Kapitulation in Reims vor den Westalliierten. Moskau forderte eine gesonderte und symbolisch bedeutsame Unterzeichnung vor der Roten Armee. Diese fand am 8. Mai in Berlin-Karlshorst statt.

    Mit dem endgültigen Sieg begann jedoch auch die Rache der Roten Armee. Die Erinnerungen an die Gräueltaten der Deutschen an der Ostfront, insbesondere während der Schlacht von Stalingrad, wurden zum moralischen Freibrief für eigene Verbrechen. Für viele sowjetische Soldaten war die Bestrafung der Zivilbevölkerung Teil dieser Vergeltung.

    Der Sieg wurde von Teilen der Roten Armee als Lizenz verstanden, das Kriegsrecht und die Genfer Konvention zu ignorieren. Eine Phase begann, die in historischen Debatten oft als Roter Terror bezeichnet wird: Massenerschießungen, die Ermordung deutscher Kriegsgefangener, systematische Vergewaltigungen und Gewalttaten gegen die Zivilbevölkerung in den von den Sowjets kontrollierten Gebieten – sowohl im besetzten Deutschland als auch in den annektierten Teilen Polens.

    Die vielleicht grausamste Facette dieser Rache war die systematische Vergewaltigung deutscher Frauen. Schätzungen gehen davon aus, dass rund zwei Millionen Frauen von sowjetischen Soldaten vergewaltigt wurden – ein Großteil davon mehrfach. Etwa 10 % der Opfer überlebten diese Gewaltakte nicht.

    Diese Verbrechen sind bis heute ein dunkles Kapitel der sowjetischen Kriegsgeschichte. Die sowjetische Führung hat die Gräueltaten nie offiziell anerkannt, kein einziger sowjetischer Soldat wurde je zur Rechenschaft gezogen. Während die Täter des Dritten Reiches in Nürnberg verurteilt wurden, blieben die Verbrechen der Sieger unbeachtet.

    Für viele Überlebende bedeutete das Kriegsende nicht Befreiung, sondern den Beginn eines neuen Traumas. Manche Historiker sprechen in diesem Zusammenhang von einem „Exodus im Kopf“: Millionen Deutsche versuchten zu fliehen – nicht nur vor den Trümmern ihrer Heimat, sondern auch vor der Rache des Ostens.

    Warum verlor Deutschland den Zweiten Weltkrieg?

    Wie war es möglich, dass die scheinbar perfekte deutsche Kriegsmaschinerie, die in nur wenigen Monaten weite Teile Europas unterwarf, im Zweiten Weltkrieg besiegt wurde? Hier sind einige entscheidende Punkte:

    Der Versuch, England zu erobern, geriet ins Stocken. Aus Angst vor der Royal Navy entschied sich Hitler, die britische Luftwaffe (RAF) anzugreifen. Die kontinuierliche Bombardierung Londons beantworteten britische Flieger mit Luftangriffen auf Berlin. In dieser Phase erkannte Churchill, dass, wenn die Luftschlacht um England noch eine weitere Nacht gedauert hätte, sie sich möglicherweise ergeben hätten. Doch diese Nacht kam nie.

    Hitler unterschätzte die Waffe, mit der England tatsächlich hätte besiegt werden können: die U-Boote der Kriegsmarine.

    Ein Krieg an drei Fronten war Wahnsinn. Hitler wusste das – und tat es trotzdem. Deutschland überrollte die Sowjetunion in einem vernichtenden Angriff und stand bald vor Stalingrad. Die UdSSR war am Rand des Zusammenbruchs. Doch wie Napoleon ein Jahrhundert zuvor unterschätzten die Nationalsozialisten den „General Winter“.

    Statt die Front bei Stalingrad zu stabilisieren, glaubte man, Moskau als Zentrum der kommunistischen Partei müsse um jeden Preis fallen.

    Hitler, der zunehmend in seiner eigenen Propaganda gefangen war, hielt sich für den alleinigen Hüter der militärischen Wahrheit. Er ignorierte die Warnungen seiner Generäle.

    Hätten die Panzerdivisionen rechtzeitig in der Normandie gestanden, wäre die alliierte Landung wohl zur Katastrophe geworden. Doch Hitler schickte den legendären General Rommel, den „Wüstenfuchs“, zuerst nach Nordafrika und dann nach Italien.

    Der Kriegseintritt der USA, mit einer Industrieproduktion weit entfernt von jeder deutschen Reichweite, war ein Wendepunkt. Die USA erklärten nicht Deutschland den Krieg – es war Hitler, der den Vereinigten Staaten den Krieg erklärte.

    Das verborgene Drama der Massenvergewaltigungen beim Fall Berlins (BBC)

    Die militärische Leistung der Roten Armee bei der Niederwerfung des nationalsozialistischen Deutschlands gilt als einer der ruhmreichsten Momente in der Geschichte der Sowjetunion.

    Doch 70 Jahre später offenbaren Rückblicke auf die letzten Kriegstage eine düstere, lange verdrängte Realität: die massenhaften Vergewaltigungen deutscher Frauen durch sowjetische Soldaten.

    Zahlreiche Berichte und Zeitzeugen weisen darauf hin – doch sie sind nichts für schwache Nerven.

    Der Preis von Berlin

    Am Rande Berlins, im Treptower Park, steht ein zwölf Meter hohes Denkmal: ein sowjetischer Soldat mit einem Schwert in der einen und einem deutschen Mädchen in der anderen Hand, tritt auf ein zerbrochenes Hakenkreuz.

    Das Denkmal symbolisiert den Ort, an dem 5.000 der insgesamt 80.000 sowjetischen Soldaten begraben sind, die zwischen dem 16. April und dem 2. Mai 1945 in der Schlacht um Berlin gefallen sind.

    Die monumentale Größe des Denkmals spiegelt das Ausmaß der Opfer wider. In die Statue eingraviert ist der Satz, dass das sowjetische Volk die europäische Zivilisation vom Faschismus gerettet habe.

    Gelfand ritt ein Fahrrad zum ersten Mal in Berlin.
    Gelfand ritt ein Fahrrad zum ersten Mal in Berlin.

    Doch für viele ist dieses Denkmal ein Grabmal des unbekannten Vergewaltigers. Es existieren zahlreiche Berichte über Verbrechen, die von Einheiten der Roten Armee in der deutschen Hauptstadt begangen wurden – auch wenn diese in den Jahren nach dem Krieg kaum thematisiert wurden und bis heute in Russland ein Tabuthema darstellen.

    Russische Medien bezeichnen die Massenvergewaltigungen häufig als westliche Mythen, obwohl viele belastbare Informationen aus dem Tagebuch eines jungen sowjetischen Soldaten stammen.

    Das Tagebuch erzählt den Horror

    Wladimir Gelfand war ein junger jüdischer Leutnant aus der zentralen Ukraine, der seit 1941 mit erschütternder Offenheit die Gräueltaten des Krieges dokumentierte – obwohl es Soldaten der Roten Armee streng verboten war, Tagebuch zu führen, da dies als Sicherheitsrisiko galt.

    Das Manuskript wurde vielfach veröffentlicht und zeichnet ein eindrucksvolles Bild vom chaotischen Leben in seinem Bataillon – geprägt von miserablen Essensrationen, Läusen, Antisemitismus und Diebstahl (bis hin zu gestohlenen Stiefeln unter Kameraden).

    Im Februar 1945 befand sich Gelfand in der Nähe der Oder-Staumauer, wo seine Einheit sich auf den letzten Angriff auf Berlin vorbereitete. Er beschreibt, wie seine Kameraden Bataillone von deutschen Frauen, die gekämpft hatten, umzingelten und vernichteten.

    „Die deutschen Weiber, die wir gefangen nahmen, behaupteten, sie wollten ihre toten Ehemänner rächen“, schreibt der Leutnant. „Wir müssen sie ohne Gnade vernichten. Unsere Soldaten schlugen ihnen auf die Genitalien – aber nur diejenigen, die dann hingerichtet wurden.“

     

    Die Zeitungen wurden verboten, weil sie als eine Bedrohung für die Sicherheit.
    Die Zeitungen wurden verboten, weil sie als eine Bedrohung für die Sicherheit.

     

    Eine der eindrücklichsten Passagen schrieb Gelfand am 25. April, als seine Einheit Berlin erreichte. Er notierte, wie er mit dem Fahrrad an einer Spinnerei an der Spree entlangfuhr und dabei auf eine Gruppe Deutscher stieß, die Koffer und Bündel mit sich trugen.

    Mit seinem brüchigen Deutsch fragte er, wohin sie unterwegs seien und warum sie ihre Häuser verlassen hätten.

    „Mit Entsetzen in den Gesichtern erzählten sie mir, was in der ersten Nacht geschah, als die Rote Armee in die Stadt kam“, schrieb er.

    „Ich bin hier unten gesteckt worden“, sagte eines der Mädchen und hob ihren Rock. „Die ganze Nacht über. Die einen waren alt, die anderen hatten Pickel. Einer nach dem anderen – alle nacheinander. Nicht weniger als zwanzig Männer“, sagte sie, bevor sie in Tränen ausbrach.

    Gelfand notierte weiter, dass sich das Mädchen plötzlich auf ihn stürzte und sagte: „Du kannst bei mir schlafen. Tu mit mir, was du willst – aber nur du!“

    Bis zu diesem Zeitpunkt waren die Verbrechen der deutschen Soldaten in der Sowjetunion – die zahllosen Verletzungen, Zerstörungen und Tötungen – allgemein bekannt. Gelfand jedoch hatte diese Schrecken auf dem Weg nach Deutschland selbst miterlebt.

    Die Deutschen griffen zuerst

    Gelfands Sohn Vitaly berichtet, dass sein Vater gesehen hatte, wie Wehrmachtssoldaten ganze Dörfer zerstörten und selbst kleine Kinder ermordeten. Auch Spuren massiver Gewaltverbrechen hatte er beobachtet.

     

    Sowjetischen Soldaten verteilt Nahrung unter Berlinern.
    Sowjetischen Soldaten verteilt Nahrung unter Berlinern.

     

    Die deutsche Armee galt als eine gut organisierte Truppe, zusammengesetzt aus sogenannten „Ariern“, denen sexueller Kontakt mit als „Untermenschen“ betrachteten Frauen offiziell verboten war.

    Doch laut dem Historiker Oleg Budnitsky von der Hochschule für Wirtschaft in Moskau wurde dieses Verbot offen ignoriert. Nazi-Funktionäre waren derart besorgt über die Ausbreitung von Geschlechtskrankheiten, dass sie ein Netz militärischer Bordelle in allen besetzten Gebieten einrichteten.

    Wie russische Zivilisten von deutschen Soldaten behandelt wurden, lässt sich heute nur schwer rekonstruieren, da die meisten die Besatzung nicht überlebten. Doch das Deutsch-Russische Museum in Berlin, geleitet von Jörg Morre, zeigt ein erschütterndes Foto: den leblosen Körper einer Frau, aufgenommen auf der Krim durch einen deutschen Soldaten.

    „Es sieht so aus, als sei sie vergewaltigt oder unmittelbar danach getötet worden. Ihr Rock ist hochgeschoben, ihre Hände bedecken das Gesicht“, so Morre.

    Die Zeit der Rache

    Als die Rote Armee ihren Vormarsch auf Deutschland begann – in der sowjetischen Presse als „die Höhle des Tieres“ bezeichnet –, erschienen Plakate, die die Soldaten zur Vergeltung aufriefen: „Soldat, du befindest dich jetzt auf deutschem Boden. Es ist Zeit für Rache.“

    Der Historiker Antony Beevor berichtet, dass er während seiner Recherchen zum Buch Berlin: The Downfall 1945 im Jahr 2002 auf Dokumente über sexuelle Gewalt in den Archiven der Russischen Föderation stieß. Diese Berichte wurden Ende 1944 von der Geheimpolizei zusammengetragen und an deren Chef, Lawrenti Beria, weitergeleitet.

    „Diese Berichte wurden Stalin vorgelegt“, erklärt Beevor. „Sie dokumentieren Massenvergewaltigungen in Ostpreußen und schildern, wie deutsche Familien ihre Töchter lieber töteten – und sich selbst –, um diesem Schicksal zu entkommen.“

    Anpassung als Überlebensstrategie

    Eine weitere Quelle ist das Tagebuch einer Freundin eines deutschen Soldaten. Darin beschreibt sie, wie Frauen versuchten, sich an die grauenhaften Umstände anzupassen, um zu überleben.

    Ab dem 20. April 1945 – zehn Tage vor Hitlers Selbstmord – beschreibt die anonyme Verfasserin die Szenen während der Bombardierungen Berlins. Sie erzählt, wie sich Menschen in Luftschutzkellern ihres Wohnhauses flüchteten und erwähnt eine „junge Frau in grauer Hose und mit Sonnenbrille“, die zunächst für einen Mann gehalten wurde.

    Auch drei ältere Frauen, die ständig beieinanderblieben, scherzten: „Lieber ein Russe auf dir als ein Ami über dir.“ Mit anderen Worten: Vergewaltigung erschien ihnen weniger schlimm als der Tod durch amerikanische Bomben.

    Als die Sowjets den Keller betraten, baten die Frauen die Tagebuchschreiberin, auf Russisch mit dem Offizier zu sprechen. Sie verließ den Schutzraum, redete mit ihm, doch er zuckte lediglich mit den Schultern. „Es war klar, dass das, was geschah, einfach geschehen würde“, schrieb sie später.

    Die Soldaten holten die Nachbarin aus dem Keller, vergewaltigten sie brutal und würgten sie fast zu Tode. Als die anderen Frauen sie später fanden, lagen ihre Strümpfe lose um die Schuhe, und in ihrer Hand hielt sie noch einen Träger ihres zerrissenen Büstenhalters.

    „Die Schweine“, schrie sie. „Sie haben mich zweimal hintereinander vergewaltigt und dann wie Abfall liegengelassen“, heißt es in der Aufzeichnung.

     

    Berlin wurde von alliierten Bombenangriffe zerstört.
    Berlin wurde von alliierten Bombenangriffe zerstört.

       

    Dann erkannte sie, dass sie, um sich vor weiteren massiven Übergriffen zu schützen, einen "Wolf" finden musste – einen einzelnen sowjetischen Offizier, der sie gewissermaßen beschützen würde. Sie begann eine weniger gewaltsame, fast geschäftsmäßige Beziehung mit einem Offizier aus Leningrad.

    „Auf keinen Fall kann ich sagen, dass er mich vergewaltigt“, schrieb sie. „Was tue ich für Tabak, Zucker, Butter, Kerzen und Fleischkonserven? In gewisser Weise bin ich in Sicherheit. Und je weniger er von mir will, desto mehr mag ich ihn – als Mensch.“

    Das Tagebuch wurde 1959 unter dem Titel Eine Frau in Berlin veröffentlicht, löste jedoch heftige Proteste aus – viele warfen dem Buch vor, es beschädige den Ruf der deutschen Frauen.

    Neue Vorwürfe – 70 Jahre später

    Der 70. Jahrestag des Kriegsendes brachte neue Untersuchungen und Vorwürfe sexuellen Missbrauchs ans Licht, die sich nicht nur gegen sowjetische, sondern auch gegen amerikanische, britische und französische Soldaten richteten.

    Doch für viele Frauen wurde das Schweigen erst im Jahr 2008 gebrochen, als der Film Anonyma – Eine Frau in Berlin Premiere feierte – eine Adaption des gleichnamigen Tagebuchs. Der Film hatte eine kathartische Wirkung auf viele Überlebende, die bis dahin geschwiegen hatten.

    Eine von ihnen ist Ingeborg Bullert, heute 90 Jahre alt. Sie erinnert sich: Als die Sowjets ihr Viertel in Berlin erreichten, standen Panzer auf der Straße. Wie alle anderen floh sie in den Keller ihres Wohnhauses, um Schutz zu suchen.

     

    Die Frau dachte, sie würde sterben.
    Die Frau dachte, sie würde sterben.

       

    In einer der Bombennächte verließ Ingeborg das Kellerversteck, um in ihrer Wohnung ein Stück Seil zu holen, an dem sie eine Lampe aufhängen wollte. Plötzlich wurde sie von zwei sowjetischen Soldaten überrascht, die sie mit Gewehren bedrohten.

    „Sie haben mich vergewaltigt. Ich dachte, sie würden mich töten“, erinnert sie sich. Ingeborg sprach nie über diese bittere Erfahrung – es fiel ihr unvorstellbar schwer, jemandem davon zu erzählen. „Meine Mutter prahlte gern damit, dass ihre Tochter nicht angetastet worden sei“, sagt sie.

    Die Zahl der Opfer bleibt ungewiss

    Allein zwischen Juni 1945 und 1946 wurden in einem Berliner Stadtbezirk 995 Anträge auf Schwangerschaftsabbruch gestellt. Die Akten enthalten Berichte von Kindern, die handschriftlich schilderten, wie sie die Misshandlungen zu Hause vor ihren Eltern erlebt hatten.

    Doch eine endgültige Zahl der Opfer wird wohl niemals bekannt sein. Die einzigen verbleibenden Quellen sind verstreute Unterlagen sowjetischer Militärgerichte – wenn sie überhaupt erhalten sind.

     

    Die Sowjets hoben ihre Flagge über den Reichstagsgebäude.
    Die Sowjets hoben ihre Flagge über den Reichstagsgebäude.