• Jan M. Piskorski "WYGNAŃCY: Migracje przymusowe i uchodźcy w dwudziestowiecznej Europie"
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    • Artikel: WYGNAŃCY: Migracje przymusowe i uchodźcy w dwudziestowiecznej Europie                       
    • Autor: Jan M. Piskorski
    • Taschenbuch: 344 S.
    • Verlag: Państwowy Instytut Wydawniczy 1. Auflage. (Januar 2010)
    • Sprache: Polnisch
    • Seria: RODOWODY WSPÓŁCZESNOŚCI
    • ISBN-10: 8306032721 
    • ISBN-13:  978-8306032727
    • Größe und/oder Gewicht: 15,5 x 2,4 x 24 cm
    • Preis: 49,90 zł  
    • Preis: € 40,52 

      


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    WYGNAŃCY
    Migracje przymusowe i uchodźcy w dwudziestowiecznej Europie

        Wiek XX określa się niekiedy jako erę uchodźców. W Europie już na początku stulecia popłynęły fale uciekinierów przed czystkami etnicznymi towarzyszącymi powstawaniu i utrwalaniu się państwa homogenicznego. Pod koniec wieku główną przyczyną przymusowych migracji był upadek systemu komunistycznego. Między tymi dwoma cezurami przez Europę przemaszerowały miliony uchodźców, zesłańców i wygnańców.
        Jan M. Piskorski, profesor historii na Uniwersytecie Szczecińskim, napisał o nich fascynującą książkę, nie pominąwszy przy tym żadnego z najważniejszych ruchów migracyjnych XX wieku. Autor pokazał zjawisko wypędzenia nie tylko jak fakt historyczny i statystyczny, ale również, jako przedmiot przeżycia konkretnych osób, wplatając w dyskurs historyczny wątki biograficzne i wspomnieniowe. To właśnie w połączeniu z jego literackim talentem zadecydowało o wyjątkowości tej książki.



    Die Vertriebenen

    Zwangsmigrationen und Flüchtlinge im Europa des zwanzigsten Jahrhunderts

    Das 20. Jahrhundert wird mitunter als das Zeitalter der Flüchtlinge bezeichnet. Schon zu Beginn des Jahrhunderts zogen Flüchtlingswellen durch Europa: Menschen flohen vor ethnischen Säuberungen, die mit der Entstehung und Festigung des homogenen Staates einhergingen. Am Ende des Jahrhunderts war der Zusammenbruch des kommunistischen Systems die Hauptursache erzwungener Migration. Zwischen diesen beiden Zäsuren zogen Millionen von Flüchtlingen, Verbannten und Vertriebenen durch Europa.

    Jan M. Piskorski, Professor für Geschichte an der Universität Stettin, hat ein faszinierendes Buch über sie geschrieben, ohne eine der wichtigsten Migrationsbewegungen des 20. Jahrhunderts auszulassen. Der Autor zeigt das Phänomen der Vertreibung nicht nur als historische und statistische Tatsache, sondern auch als persönliche Erfahrung konkreter Menschen, indem er biografische Elemente und Erinnerungen in seine historische Darstellung einflicht. Gerade dies macht, verbunden mit seinem literarischen Talent, die Besonderheit dieses Buches aus.






     
     
    Reseñas


    Cuadernos de Historia Contemporánea
    2011, vol. 33, 311-351

    más evidente lo ofrece la incapacidad recurrente de los republicanos, y en general de
    toda la izquierda laicista bilbaína, para crear una escuela laica estable en la capital.
    Asimismo, sólo un casino tuvo una pervivencia constante a lo largo del tiempo, mientras
    otros iban apareciendo y desapareciendo esporádicamente. Si bien en este caso,
    también es verdad que la elite republicana tuvo en la sociedad El Sitio un espacio
    complementario donde compartir vivencias con otros liberales de la villa.
    En conclusión, esta publicación cubre una laguna que demuestra que aún existen
    múltiples vacíos historiográficos incomprensibles dentro de la historia contemporánea
    del País Vasco. Libre del presentismo en el que caen, consciente o inconscientemente,
    la gran mayoría de los científicos sociales vascos cuando se ocupan de la
    cuestión vasca –y la caracterización nunca es inocente-, los especialistas del periodo
    tendrán que acudir a este volumen si no quieren que sus explicaciones cojeen. El
    republicanismo vizcaíno ya no se encuentra en penumbra, por lo que podemos romper
    con antiguas explicaciones asumidas acríticamente, como aquella que dibuja la
    política vasca como una simplista triangulación entre liberalismo, socialismo y nacionalismo.
    Asimismo, esperemos que la próxima publicación de los resultados de
    otra tesis recientemente defendida también en la Universidad del País Vasco sobre
    Álava y la elaboración de una investigación similar sobre Guipúzcoa contribuyan
    aún más a la revitalización de los estudios sobre el republicanismo en la región. Los
    republicanos vascos no fueron un aspecto menor de la política contemporánea vasca,
    aunque hayamos tardado demasiado tiempo en descubrirlo.

    Joseba Louzao
    Universidad del País Vasco
    Joseba.louzao@ehu.es

     
    Piskorski, Jan M.. Wygnancy. Przesiedlenia i uchodzcy w dwudziestowiecznej Europie
    [Los expulsados. Trasvases de población y refugiados en la Europa del siglo
    XX], Varsovia, PIW, 2010, 344 pp.

     
    Reseñar un libro escrito en una lengua que la mayor parte de los potenciales lectores
    españoles no vaya a poder leer tiene sólo sentido si el libro es lo suficientemente importante
    como para que parezca imprescindible llamar la atención sobre él. En el caso del
    que presentamos aquí se cumple esa regla con todo derecho. Además, el que el libro vaya
    a aparecer traducido al alemán en este año, permite albergar la esperanza de que pueda
    llegar a ser publicado en España. Jan Maria Piskorski, su autor, es un catedrático de la
    universidad polaca de Szczecin, muy conocido en el mundo historiográfico centroeuropeo,
    especialmente en Alemania, y del que se han publicado diversos artículos en España
    en revistas como L’Avenc y Ayer. Los expulsados es un temerario intento de resumir,
    condensar y explicar los procesos de trasvases de población, de expulsiones, huidas y
    exilios masivos habidos en el siglo XX en Europa. Experto sobre todo en los procesos
    posteriores a la II Guerra Mundial en Europa Central, Piskorski ha acometido sin embar
    go la titánica tarea de reconstruir las líneas principales de las políticas que produjeron las
    masivas expulsiones desde las Guerras Balcánicas, pasando por las dos Guerras Mundiales
    y terminando con las guerras yugoslavas de finales del siglo. Cierto es que se centra
    sobre todo en el período entre 1914-1956, pero el siglo veinte entero es examinado de
    una forma u otra. El libro distribuye la materia en cinco capítulos más una introducción y
    un epílogo. Tanto la introducción como el epílogo poseen una importancia capital, puesto
    que uno de los rasgos esenciales y más originales del libro es el estar entretejido con
    fragmentos de experiencias familiares del propio autor. No en vano su familia –como la
    de millones de polacos- padeció la expulsión de su patria chica (las regiones orientales
    de Polonia, anexionadas por la URSS y hoy día parte de Ucrania, Bielorrusia y Lituania),
    la ciudad donde el autor vive y trabaja (Szczecin, la antigua Stettin alemana) pertenece
    a una región donde también fueron expulsados sus habitantes originales y sustituidos
    por otros –polacos- muchos de los cuales a su vez habían perdido sus hogares. De este
    modo en la introducción y en el capítulo final se entrelaza la historia de la familia y de las
    propias experiencias del autor, con la propia investigación historiográfica desarrollada en
    el resto de los capítulos, en especial la parte cuarta las expulsiones de la segunda guerra
    mundial y sus consecuencias- donde el autor –se explaya con mayor conocimiento de
    causa.
    Resulta fascinante la forma en que Piskorski es capaz de entreverar decenas, quizá
    cientos de pequeñas historias personales –extraídas de memorias, archivos y entrevistas
    personales- con su descripción de los laberintos de la gran política y los derroteros de las
    guerras y conflictos del siglo. El libro podría incluirse de alguna manera en lo que se denomina
    “egohistoria”, si no fuera por la paradójicamente emotiva frialdad con que el autor
    inserta las experiencias personales y familiares, tratándolas apenas como un elemento
    –a veces metáfora- para comprender mejor la enormidad de la tragedia de las expulsiones
    de masas y los trasvases de población. Puede achacársele al libro el hecho de tener como
    puntos flacos el insuficiente tratamiento de las expulsiones anteriores a 1914 y el quizá un
    tanto obvio examen de las expulsiones de las guerras yugoslavas de la década de 1990.
    Pero incluso comparando con las principales publicaciones recientes sobre el tema (como
    por ejemplo el Fires Of Hatred de Norman Naimark; Redrawing Nations de Philipp
    Ther; el People on the Move, libro colectivo publicado por Berg en 2008; o el Lexikon
    der Vertreibungen, de Brandes, Sundhausen y Trobst), el libro de Piskorski destaca como
    una obra escrita con pasión y buen hacer literario y al mismo tiempo bien documentada y
    con un sólido trabajo académico. Sólo hay que desear que alguna editorial española –las
    que no tienen problemas en publicar obras mucho menores de autores anglosajones- se
    atrevan con un libro que no sólo tiene destinatarios dentro del campo académico, sino
    entre todas las personas interesadas en comprender por qué la Europa actual se asienta
    sobre una base de expulsiones trágicas que, junto con el Holocausto, la violencia de las
    guerras y el colonialismo, y las dictaduras de derechas e izquierdas, forman parte de ese
    pasado no superado y traumático que, de alguna manera, atañe a cada país del continente.

    José M. Faraldo
    Universidad Complutense de Madrid
    jm.faraldo@ghis.ucm.es
     
     

     
     
    Fragment

    Wstęp
    Klucze od domu w Wałczu

    26 marca 1942 r., na tydzień przed bardzo wczesną tego roku Wielkanocą, kiedy panowała jeszcze zima, „mróz i śnieg”, około dwudziestu niemieckich i litewskich żołnierzy pojawiło się wcześnie rano u bramy wizytek, żądając kluczy do klauzury. Przełożona klasztoru początkowo odmówiła, ale gdy zrozumiała, że tym razem „Zgromadzenia uratować nie zdoła, podała im klucze [przez odpowiedni otwór w drzwiach], żeby sami otworzyli”. Siostry załadowano na ciężarówkę i wywieziono na Łukiszki. „Odtąd zaczęło się nasze życie tułacze” – stwierdziła ciocia Tosia, podkreślając w swojej opowieści, że siostry nierzadko spotykały się z życzliwością Litwinów, a czasami też Niemców. Jeden z nich, młody niemiecki żołnierz, wyraźnie zawstydzony wypędzaniem sióstr z klasztoru, pomagał im wsiadać do ciężarówki, a nawet zdobył się na niebezpieczne wyznanie: „O, gdybym ja mógł to, czego nie mogę”. Ciocia Tosia była przekonana, że był dobrym katolikiem i tylko z musu poddawał się twardym nakazom władzy. Należała jeszcze bowiem do świata, który dzielił się nie tylko według narodowości, lecz także, w co najmniej równym stopniu, wedle wyznania, a katolicyzm, nawet jeśli nie był już dla niej (chyba) niezbędnym warunkiem zbawienia, to na pewno bardzo je upraszczał.

    Stulecie wykorzenionych i bezdomnych
    Dwudziestowieczne nasilenie procesów uchodźczych

    Bynajmniej nie liczby, od których zwykle się zaczyna, decydują o specyfice XX stulecia w historii procesów uchodźczych. Prawda, że liczby porażają, gdyż dawno przekroczyły granice wyobrażalności, nawet jeśli wszystkie traktować w ogromnym przybliżeniu, ponieważ rzeczywistych najczęściej nie znamy. Po pierwsze bowiem, aż po przełom XIX i XX w. nikt nie liczył uchodźców. Po drugie, liczba uchodźców zależy w znacznej mierze od przyjętej definicji zjawiska, inaczej mówiąc, od tego, kogo zaliczymy do kategorii uchodźców. Wielu z nich umyka wszelkim statystykom, co szczególnie dotyczy uchodźców wewnętrznych, którzy w sensie formalnym nie są w ogóle uchodźcami, gdyż nie przekroczyli granicy własnego państwa.
         Przykładem zaczerpniętym z historii mogą tu być miliony zesłańców w Rosji, natomiast współczesnym – dwa miliony uchodźców kurdyjskich w Turcji, żyjących najczęściej w miejskich dzielnicach nędzy, dokąd trafili po zniszczeniu ich wiosek we wschodniej Anatolii przez armię turecką, która w walce z separatystyczną Partią Robotniczą Kurdystanu (PKK) stosuje taktykę spalonej ziemi.
        Bez wchodzenia w szczegóły stwierdzić można, że sama dwudziestowieczna Europa wyprodukowała nie mniej niż osiemdziesiąt milionów uchodźców, oczywiście z pominięciem milionów wychodźców – ekonomicznych emigrantów do krajów Nowego Świata. Sporej części z tych ostatnich się nie powiodło. Wrócił nie tylko „Pan Balcer z Brazylii”, bohater przejmującego poematu Marii Konopnickiej, wydanego nie przypadkiem w 1910 r., kiedy tylko do USA wyjeżdżało rocznie milion Europejczyków. Wraz z nim wracały – jak się szacuje – miliony innych, średnio czwarta część wychodźców. Obecnie przyjmuje się, że liczba imigrantów, czyli ludności niezamieszkującej w swoich własnych krajach, wynosi sto osiemdziesiąt milionów, trzy procent populacji świata. Z kolei liczbę przymusowych migrantów we współczesnym świecie szacuje się na pięćdziesiąt milionów, z czego ponad połowę stanowią uchodźcy wewnętrzni, co daje jeden procent ludzkiej populacji, tyle że wielkości te nie rozkładają się równomiernie. W Europie ponad cztery miliony uchodźców wyprodukował rozpad Jugosławii i oblicza się, że tylko połowa z nich mogła powrócić na tereny, skąd uciekli lub zostali wypędzeni. W Czeczenii kolejne ataki wojsk rosyjskich wyrzuciły z domu co najmniej osiemset tysięcy ludzi, a wobec faktu, że mężczyźni czeczeńscy właściwie nie mieli wyjścia i musieli chwycić za broń, gdyż stali się przedmiotem łapanek, wśród uchodźców czeczeńskich 95 procent stanowią kobiety i dzieci.



    Auszug

    Einleitung

    Die Schlüssel zum Haus in Wałcz

    Am 26. März 1942, eine Woche vor dem in jenem Jahr sehr frühen Osterfest, als noch Winter herrschte, „Frost und Schnee“, erschienen am frühen Morgen etwa zwanzig deutsche und litauische Soldaten an der Pforte der Visitandinnen und verlangten die Schlüssel zur Klausur. Die Oberin des Klosters weigerte sich zunächst. Als sie jedoch erkannte, dass sie diesmal „die Gemeinschaft nicht würde retten können, reichte sie ihnen die Schlüssel [durch die entsprechende Öffnung in der Tür], damit sie selbst aufschlossen“. Die Schwestern wurden auf einen Lastwagen geladen und nach Łukiszki gebracht. „Von da an begann unser Leben in der Fremde“, stellte Tante Tosia fest. In ihrer Erzählung betonte sie, dass die Schwestern nicht selten auf das Wohlwollen von Litauern, manchmal auch von Deutschen stießen. Einer von ihnen, ein junger deutscher Soldat, dem die Vertreibung der Schwestern aus dem Kloster sichtlich peinlich war, half ihnen beim Einsteigen in den Lastwagen und rang sich sogar zu einem gefährlichen Bekenntnis durch: „Ach, wenn ich doch könnte, was ich nicht kann.“ Tante Tosia war überzeugt, dass er ein guter Katholik war und sich nur gezwungenermaßen den harten Befehlen der Obrigkeit unterwarf. Sie gehörte nämlich noch einer Welt an, die sich nicht allein nach Nationalität, sondern mindestens ebenso stark nach Konfession gliederte. Und der Katholizismus war für sie zwar wohl keine unerlässliche Voraussetzung für das Seelenheil mehr, erleichterte es aber gewiss erheblich.

    Das Jahrhundert der Entwurzelten und Heimatlosen

    Die Intensivierung der Fluchtbewegungen im zwanzigsten Jahrhundert

    Keineswegs sind es die Zahlen, mit denen man gewöhnlich beginnt, die das Besondere des 20. Jahrhunderts in der Geschichte der Fluchtbewegungen ausmachen. Zwar sind die Zahlen erschütternd, weil sie längst die Grenzen des Vorstellbaren überschritten haben. Das gilt selbst dann, wenn man sie alle als grobe Näherungswerte betrachtet, da wir die tatsächlichen Zahlen meist nicht kennen. Denn erstens zählte bis zur Wende vom 19. zum 20. Jahrhundert niemand die Flüchtlinge. Zweitens hängt die Zahl der Flüchtlinge in erheblichem Maße von der zugrunde gelegten Definition des Phänomens ab, mit anderen Worten davon, wen wir der Kategorie der Flüchtlinge zurechnen. Viele von ihnen entziehen sich jeder Statistik. Dies betrifft insbesondere Binnenvertriebene, die formal überhaupt keine Flüchtlinge sind, weil sie die Grenzen ihres eigenen Staates nicht überschritten haben. Als historisches Beispiel können hier die Millionen von Verbannten in Russland dienen, als gegenwärtiges die zwei Millionen kurdischen Flüchtlinge in der Türkei. Sie leben meist in städtischen Elendsvierteln, wohin sie nach der Zerstörung ihrer Dörfer in Ostanatolien durch die türkische Armee gelangten, die im Kampf gegen die separatistische Arbeiterpartei Kurdistans (PKK) die Taktik der verbrannten Erde anwendet.

    Ohne auf Einzelheiten einzugehen, lässt sich feststellen, dass allein das Europa des 20. Jahrhunderts nicht weniger als achtzig Millionen Flüchtlinge hervorgebracht hat, wobei die Millionen von Auswanderern – Wirtschaftsmigranten in die Länder der Neuen Welt – selbstverständlich nicht mitgezählt sind. Ein beträchtlicher Teil der Letzteren hatte keinen Erfolg. Nicht nur „Herr Balcer aus Brasilien“ kehrte zurück, der Held des ergreifenden Versepos von Maria Konopnicka, das nicht zufällig 1910 erschien, als jährlich eine Million Europäer allein in die USA auswanderten. Mit ihm kehrten schätzungsweise Millionen andere zurück, im Durchschnitt ein Viertel der Auswanderer.

    Gegenwärtig wird angenommen, dass die Zahl der Einwanderer, also der Menschen, die nicht in ihrem eigenen Land leben, hundertachtzig Millionen beträgt, drei Prozent der Weltbevölkerung. Die Zahl der Zwangsmigranten in der heutigen Welt wiederum wird auf fünfzig Millionen geschätzt, von denen mehr als die Hälfte Binnenvertriebene sind. Das entspricht einem Prozent der Menschheit, wobei diese Größen allerdings ungleich verteilt sind. In Europa brachte der Zerfall Jugoslawiens über vier Millionen Flüchtlinge hervor. Schätzungen zufolge konnte nur die Hälfte von ihnen in die Gebiete zurückkehren, aus denen sie geflohen oder vertrieben worden waren. In Tschetschenien vertrieben die aufeinanderfolgenden Angriffe russischer Truppen mindestens achthunderttausend Menschen aus ihren Häusern. Da tschetschenische Männer praktisch keinen Ausweg hatten und zu den Waffen greifen mussten, weil sie zum Ziel von Razzien geworden waren, machen Frauen und Kinder 95 Prozent der tschetschenischen Flüchtlinge aus.


     

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    Seite 365 … Zarys historii watcza, Bd. 1, S. 15f....Gelfand, Deutschland-Tagebuch, S. 31, und... 
                    ...der Bestie", S. 222. Gelfand, Deutschland-Tagebuch, S. 21f., 26, 28-31. Vlg. Boro...
    Seite 366  ...as S. 198; Gelfand, Deutschland-Tagebuch, S. 40, 44, 61, 68ff., 101, 200 (hier das...
                    ... rsonal Responsibility", S. 17 - 48. Pintus, Meine wahren Erlebnisse, S. 234. Gelfand,...
    Seite 367j... ie Stunde, S. 72, 85f., 115 - 122, 152 - 158; Gelfand, Deutschland Tagebuch, S. 8..
    Seite 369 ...9 - 123. Shirer, Berlin Diary, S. 491f.; Gelfand, Deutschland Tagebuch, S. 157; Jak...
    Seite 371 ...wiak, Wysiedlenie, S. 99 Vgl. auch Krockow, Die Stunde, S. 149. Gelfand, Deutschl...
    Seite 373 ...iesielski (Hg.), Umsiedlung, Nr. 78 (S. 287); Gelfand, Deutschland Tagebuch, S. 39;..
    Seite 374 ... ig/Panzig, "Die Russen kommen", S. 360ff. Vlg. Zubkova, Russia, S. 20f., 38. Gelfand...
    Seite 376 ..."Die Gebiete", S. 119 - 124. Marciszewska, Od Augusrwalde do Wielgowa. Gelfand...
    Seite 392 ...Gelfand, Wladimir: Deutschland-Tagebuch 1945 - 1946. Aufzeichnungen eines Ro...
    Seite 419 ...33 Gatrell, Peter 56 Gelfand, Wladimir 166, 185, 194f., 197, 206, 218, 230, 260, 285 ...             
                            









                   
           
                       



              




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