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    El drama oculto de las violaciones masivas durante la caída de Berlín

     
    Foto: BBC Mundo.
     
     
    La actuación de tropas de la Unión Soviética en la derrota de Alemania durante la Segunda Guerra Mundial es uno de los momentos más gloriosos de la nación.


     
    BBC Mundo | Mayo 8 de 2015


     
     
     

    Sin embargo, 70 años después, la revisión de esos días finales de la guerra saca a relucir un ángulo oscuro de esa historia: las violaciones masivas de mujeres alemanas a manos de soldados soviéticos.

    A continuación compartimos testimonios que, cabe la advertencia, algunos lectores pueden encontrar perturbadores.

    El precio de Berlín

    En las afueras de Berlín, en el parque Treptower, hay una estatua de unos 12 metros de alto, con la figura de un soldado soviético con una espada en la mano y una muchacha alemana en la otra, pisando una esvástica rota.

    Así simbolizan el lugar donde murieron 5.000 de los 80.000 soldados del Ejército Rojo caídos en Berlín entre 16 de abril y el 2 de mayo de 1945.
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    La colosal proporción del monumento refleja la escala del sacrificio. Resulta inevitable observar la inscripción que tiene la estatua donde se lee que el pueblo soviético salvo a la civilización europea del fascismo.
       
    El ucraniano Vladimir Gelfand llevó un diario de su experiencia en 1941. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    Gelfand montó en bicicleta por primera vez en Berlín. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    No obstante, para muchos este memorial se llama La Tumba del Violador Desconocido.

    Existen registros de innumerables casos de violaciones cometidas por tropas del Ejército Rojo en la capital alemana, aun cuando de esto no se habló en los años siguientes al final de la guerra, y particularmente es tabú en Rusia hasta la fecha.

    Los medios rusos suelen calificar las violaciones masivas como mitos de Occidente, aunque muchos de los datos hallados han sido extraídos del diario de un joven soldado soviético.

    El diario que narra el horror

    Vladimir Gelfand era un joven teniente judío, proveniente de la región central de Ucrania, quien escribió con una franqueza brutal todos los pormenores de las atrocidades de la guerra desde 1941. A pesar de que el ejército había prohibido llevar diarios, por considerarlos un riesgo para la seguridad.
    El manuscrito ha sido ampliamente publicado y pinta la situación caótica de la vida en su batallón, caracterizada por raciones miserables de comida, piojos, antisemitismo y robos (donde se robaban hasta las botas a sus compañeros).

    En febrero de 1945, Gelfand estaba destacado cerca de la represa del río Oder, donde el ejército se preparaba para el golpe final sobre Berlín. Ahí cuenta cómo sus camaradas rodeaban y aniquilaban batallones de mujeres alemanas combatientes.
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    "Las gatas alemanas que capturábamos decían que estaban vengando a sus maridos muertos", escribe el teniente. "Debemos destruirlas sin misericordia. Nuestros soldados sugieren apuñalarlas en sus genitales, pero yo solo las ejecutaría".
       
     
    Foto: BBC Mundo.
       
       
    Los diarios estaban prohibidos por ser considerados un peligro para la seguridad. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    Uno de los pasajes más reveladores lo escribió el 25 de abril, cuando ya habían llegado a Berlín. Gelfand cuenta que estaba dando vueltas en una bicicleta por el río Spree, cuando se topó con un grupo de alemanas que cargaban maletas y bultos.

    Con su alemán precario preguntó a dónde iban y por qué habían abandonado sus hogares.

    "Con horror en sus rostros me contaron lo que les había ocurrido la primera noche que arribó el Ejército Rojo a la ciudad", escribió.
    "Me clavaron aquí", dijo una de las muchachas y se levantó la falda. "Toda la noche. Eran viejos y otros tenían espinillas. Todos se montaron por turnos. No menos de 20 hombres", dijo antes de estallar en lágrimas.

    El teniente cuenta que la muchacha de repente se le tiró encima y le dijo: "Tú puedes acostarte conmigo. Haz lo que quieras conmigo, ¡pero solo tú!".

    Para ese entonces ya los abusos y violaciones cometidas por los soldados alemanes en la Unión Soviética eran ampliamente conocidos durante los últimos cuatro años, lo cual Gelfand había conocido de primera mano mientras se abrían paso hacia Alemania.
    Los alemanes atacaron primero

    El hijo de Gelfand, Vitaly, cuenta que su padre vio cómo los soldados nazis acabaron con pueblos completos, matando incluso a niños pequeños. También vio evidencias de violaciones masivas.

    El ejército alemán supuestamente era una fuerza bien organizada compuesta por arios que no contemplaban tener sexo con lo que ellos consideraban como subhumanos.
       
       
    Gelfand descubrió el diario después de que su padre murió. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    No obstante, de acuerdo con el historiador de la Escuela de Altos Estudios de Economía en Moscú, Oleg Budnitsky, esa prohibición fue abiertamente ignorada.

    De hecho, los oficiales nazis estaban tan preocupados por los casos de enfermedades venéreas que establecieron una cadena de burdeles militares a través de los territorios ocupados.

    Es difícil constatar como fueran tratadas las rusas por los soldados alemanes, dado que la mayoría no sobrevivió a la ocupación, pero el Museo Ruso Alemán en Berlín, dirigido por Jorg Morre, muestra una fotografía del cadáver de una mujer tumbado sobre el suelo, tomada en Crimea por un soldado alemán.

    "Luce como si ella hubiese sido asesinada al ser violada o después. Su falda está levantada y sus manos están sobre su cara", dice Morre.
    La hora de la venganza

    Cuando el Ejército Rojo inició su marcha hacia Alemania, llamada por la prensa soviética como "la guarida de la bestia", se publican posters alentando a los soldados a mostrar su rabia: "Soldado: ahora estás en tierra alemana. Llegó la hora de la venganza".
       
     
    Los soldados soviéticos distribuyeron comida entre los berlineses. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    El historiador Antony Beevor cuenta que mientras realizaba su investigación para desarrollar el libro "La caída", en 2002, encontró documentos de violencia sexual en los archivos de la Federación Rusa. Habían sido recabados por la policía secreta y enviados a su jefe, Lavrentiy Beria, a finales de 1944.

    "Estos fueron presentados a Stalin. Ahí están los reportes de violaciones masivas en Prusia Oriental, y de cómo las alemanas preferían matar a sus hijas y a ellas mismas para evitar ese destino", señala Beevor.

    Adaptarse para sobrevivir

    Otra fuente de información es el diario de la novia de un soldado alemán, donde se lee que las mujeres se adaptaban a terribles circunstancias con tal de sobrevivir.
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    Empezando el 20 de abril de 1945, diez días antes de que Adolfo Hitler se suicidara, la autora anónima describe las escenas de sus vecinos durante los bombardeos a Berlín.
        
       
    Los berlineses tuvieron roces con los soldados que los liberaron de los nazis. / Foto: BBC Mundo.
       
        
    La mujer cuenta que las personas corrían hacia el refugio que había en su edificio y menciona a un "joven de pantalones grises y lentes, que al mirarlo más de cerca resultó ser una mujer".

    También describe a tres hermanas ancianas que permanecían abrazadas todo el tiempo y que solían bromear diciendo: "Mejor un Russky (ruso) encima, que en un Yank (yanqui) en la cabeza". En otras palabras, que era preferible una violación a ser pulverizadas por los bombardeos estadounidenses.

    Cuando los soviéticos llegaron, las mujeres la pidieron a la diarista que usara su conocimiento del ruso para hablar con el oficial al cargo, así que ella salió del refugio y habló con él, pero éste solo se encogió de hombros. "Pasó lo que iba pasar de todas formas", escribió luego.

    Los soldados aprovecharon que los vecinos se mantuvieron encerrados en el refugio para violarla brutalmente y casi estrangularla. Cuando los vecinos salieron, la encontraron con sus medias caídas hasta los zapatos. En la mano todavía tenía uno de los tirantes de su sostén.
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    Ella comenzó a gritarles: "¡Cerdos, dejaron que me violaran dos veces seguidas y me dejaron ahí tirada como si fuera basura!", se lee en el diario.
       
       
    Berlín fue arrasada por los bombardeos aliados. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    Luego comprendió que para mantenerse a salvo de las violaciones masivas tenía que encontrar un "lobo" que la protegiera. Comenzó una relación menos violenta y más transaccional con un oficial de Leningrado.

    "De ninguna manera puedo decir que me violara. ¿Lo hago por tabaco, azúcar, mantequilla, velas y carne en lata? Hasta cierto punto estoy segura. Además, mientras menos quiere de mí, más me gusta como persona", escribió.

    El diario fue publicado en 1959 con el título "Una mujer de Berlín", pero generó fuertes protestas del público por considerar que el libro dañaba la reputación de las mujeres alemanas.

    Nuevas denuncias 70 años después

    El 70 aniversario del fin de la guerra trajo consigo nuevas investigaciones y denuncias de abusos sexuales cometidos por los Aliados –soldados estadounidenses, británicos, franceses y soviéticos-, que han comenzado a surgir.
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    Sin embargo, el sentimiento liberador para la mujeres se materializó en 2008 con el estreno de la película Anónima, una adaptación del libro "Una mujer de Berlín", produciendo un efecto catártico para muchas víctimas que habían permanecido en silencio hasta entonces.
       
     
    Ingeborg relata que se refugió en el sótano de su edificio cuando llegaron los soviéticos. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    La mujer pensó que iba a morir. / Foto: BBC Mundo.
       
        
    Una de ellas es Ingeborg Bullert, hoy de 90 años de edad. La mujer cuenta que cuando llegaron los soviéticos a su barrio en Berlín, había tanques en la calle. Como todos se refugió en el sótano de su edificio.

    Una de las noches de bombardeo, salió del refugio y fue a buscar a su apartamento un pedazo de cuerda para colgar una lámpara. De repente la sorprendieron dos soldados soviéticos que la sometieron con pistolas.

    "Me violaron los dos. Pensé que me matarían", recuerda. Ingeborg nunca contó su amarga experiencia, le parecía muy difícil decírselo a alguien. "A mi mamá le gustaba alardear con que a su hija no la habían trocado", relata.

    Nunca se sabrá el número de víctimas

    Solo entre junio de 1945 a 1946 hubo 995 peticiones de abortos en uno de los distritos de Berlín. Los archivos tienen reportes escritos a mano con escritura infantil, denunciando violaciones en la sala de sus casas frente a sus padres.
       
       
    Los soviéticos izaron su bandera sobre el parlamento alemán. / Foto: BBC Mundo.
       
       
    Pero probablemente nunca se sepa una cifra definitiva de víctimas. Fuentes de información de los tribunales militares permanecen clasificadas.

    El congreso ruso aprobó una ley en la que cualquiera que denigre de la actuación de Rusia durante la Segunda Guerra Mundial enfrentará multas y hasta cinco años de prisión.

    Vitaly Gelfand, hijo del diarista Vladimir, no niega que muchos soldados soviéticos mostraron valor y sacrificio durante la guerra, pero esa no es toda la historia.
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    "Si las personas no quieren conocer la verdad, se engañan ellos mismos. El mundo lo entiende, Rusia lo entiende y las personas que hacen esas leyes para difamar el pasado también lo entienden. No podemos avanzar hasta que no miremos atrás", concluye Vitaly.


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    Das verborgene Drama der Massenvergewaltigungen beim Fall Berlins

    Foto: BBC Mundo.

     
    Die Leistung der sowjetischen Truppen beim Sieg über Deutschland im Zweiten Weltkrieg gilt als einer der ruhmreichsten Momente in der Geschichte des Landes.


     
    BBC Mundo | 8. Mai 2015


     

     

    70 Jahre später wirft eine erneute Betrachtung der letzten Kriegstage ein dunkles Licht auf ein oft verdrängtes Kapitel der Geschichte: die Massenvergewaltigungen deutscher Frauen durch Soldaten der Roten Armee.

    Die Zeugnisse, die davon berichten, enthalten Warnungen – manche Leser könnten sie als verstörend empfinden.

    Der Preis von Berlin

    Am Stadtrand von Berlin, im Treptower Park, steht eine etwa zwölf Meter hohe Statue. Sie zeigt einen sowjetischen Soldaten mit einem Schwert in der einen Hand und einem kleinen deutschen Mädchen in der anderen, während er auf einem zerbrochenen Hakenkreuz steht.

    Das Denkmal symbolisiert den Ort, an dem 5.000 der insgesamt 80.000 Soldaten der Roten Armee fielen, die zwischen dem 16. April und dem 2. Mai 1945 in Berlin ums Leben kamen.

    Die monumentalen Ausmaße des Denkmals spiegeln die Größe des Opfers wider. Unweigerlich fällt der Blick auf die Inschrift, die besagt, dass das sowjetische Volk die europäische Zivilisation vom Faschismus gerettet habe.


     
    Der Ukrainer Wladimir Gelfand führte seit 1941 ein Tagebuch über seine Erlebnisse. / Foto: BBC Mundo.
     
     
    Gelfand fuhr in Berlin zum ersten Mal Fahrrad. / Foto: BBC Mundo.
     
     

    Doch für viele gilt dieses Denkmal als Grabmal des unbekannten Vergewaltigers.

    Es existieren zahlreiche Berichte über Vergewaltigungen, die von Soldaten der Roten Armee in der deutschen Hauptstadt begangen wurden – ein Thema, das in den Jahren nach dem Krieg kaum diskutiert wurde und in Russland bis heute weitgehend tabuisiert ist.

    Russische Medien bezeichnen die Massenvergewaltigungen oft als "westliche Mythen", obwohl viele der verfügbaren Informationen auf authentischen Quellen beruhen – unter anderem auf dem Tagebuch eines jungen sowjetischen Offiziers.

    Ein Tagebuch erzählt von den Schrecken

    Wladimir Gelfand, ein junger jüdischer Leutnant aus der Zentralukraine, dokumentierte seit 1941 mit schonungsloser Offenheit die Gräueltaten des Krieges. Obwohl es in der Roten Armee offiziell verboten war, ein Tagebuch zu führen – man hielt es für ein Sicherheitsrisiko –, schrieb er dennoch regelmäßig.

    Das Tagebuch wurde inzwischen vielfach veröffentlicht und schildert das chaotische Leben in seinem Bataillon: miserable Essensrationen, Läuse, Antisemitismus und Diebstahl – bis hin zu gestohlenen Stiefeln unter Kameraden.

    Im Februar 1945 befand sich Gelfand in der Nähe des Oder-Staudamms, wo sich die sowjetische Armee auf den letzten Angriff auf Berlin vorbereitete. Er berichtete, wie seine Kameraden ein Bataillon deutscher Kämpferinnen einkesselten und vernichteten.

    „Die deutschen Katzen, wie wir sie nannten, sagten, sie wollten den Tod ihrer Männer rächen“, schrieb der Leutnant. „Wir sollten sie gnadenlos vernichten. Unsere Soldaten schlugen ihnen auf die Genitalien, aber letztlich wurden sie einfach erschossen.“


     
    Foto: BBC Mundo.
     
     
    Die Tagebuch wurden verboten, weil sie als eine Bedrohung für die Sicherheit. / Foto: BBC Mundo.
     
     

    Eine der aufschlussreichsten Passagen verfasste Wladimir Gelfand am 25. April – dem Tag, an dem er nach Berlin kam. Er notierte, dass er auf einem Fahrrad entlang der Spinnerei an der Spree fuhr, als er auf eine Gruppe von Deutschen stieß, die Koffer und Bündel mit sich trugen.

    Mit seinem gebrochenen Deutsch fragte er sie, wohin sie unterwegs seien und warum sie ihre Heimat verließen.

    „Mit Entsetzen im Gesicht erzählten sie mir, was in der ersten Nacht geschah, nachdem die Rote Armee die Stadt betreten hatte“, schrieb Gelfand.

    „Ich wurde hier durchgenommen“, sagte eines der Mädchen und hob ihren Rock. „Die ganze Nacht über. Es waren alte Männer, einige hatten Geschwüre. Einer nach dem anderen. Nicht weniger als zwanzig Männer“, ehe sie in Tränen ausbrach.

    Gelfand notierte, dass das Mädchen sich ihm dann plötzlich zuwandte und sagte: „Du kannst bei mir schlafen. Tu, was du willst – aber nur du!“

    Bis zu diesem Zeitpunkt waren die Grausamkeiten, die deutsche Soldaten in der Sowjetunion begangen hatten, allgemein bekannt – nach vier Jahren Krieg hatte Gelfand sie selbst erlebt, als die sowjetische Armee nach Westen vorrückte.

    „Die Deutschen griffen zuerst“

    Vitaly Gelfand, der Sohn des Leutnants, berichtete, dass sein Vater gesehen hatte, wie Nazi-Soldaten ganze Dörfer auslöschten – selbst kleine Kinder wurden getötet. Er sah auch deutliche Spuren sexueller Gewalt.

    Die deutsche Armee galt offiziell als eine disziplinierte Truppe von „Ariern“, denen der Umgang mit sogenannten „Untermenschen“ untersagt war – insbesondere im sexuellen Kontext.

     
    Gelfand fand das Tagebuch, nachdem sein Vater starb. / Foto: BBC Mundo.
     
     

    Doch nach Einschätzung des Historikers Oleg Budnitskii von der Hochschule für Wirtschaft in Moskau wurde dieses Verbot von Sexualkontakten zwischen Wehrmachtssoldaten und sogenannten „Untermenschen“ offen ignoriert.

    Tatsächlich waren NS-Funktionäre so sehr über die Ausbreitung von Geschlechtskrankheiten besorgt, dass sie ein Netz von militärischen Bordellen in allen besetzten Gebieten einrichteten.

    Es ist schwierig nachzuvollziehen, wie russische Zivilisten von deutschen Soldaten behandelt wurden, da viele die Besatzung nicht überlebten. Doch das Deutsch-Russische Museum in Berlin, unter der Leitung von Jörg Morré, zeigt ein Foto der Leiche einer Frau, die auf der Krim von einem deutschen Soldaten aufgenommen wurde.

    „Es sieht so aus, als sei sie vergewaltigt und dann getötet worden. Ihr Rock ist hochgeschoben, und ihre Hände liegen über dem Gesicht“, sagte Morré.

    Die Zeit der Rache

    Als die Rote Armee ihren Vormarsch auf deutsches Gebiet begann – von der sowjetischen Presse als das „Vordringen in die Höhle des Tieres“ beschrieben – wurden Plakate veröffentlicht, die die Soldaten zur Vergeltung aufriefen. Darauf stand: „Soldat! Jetzt bist du auf deutschem Boden – es ist Zeit für Rache.“

       
       
    Sowjetischen Soldaten verteilt Nahrung unter Berlinern. / Foto: BBC Mundo.
       
       

    Der Historiker Antony Beevor fand während seiner Recherchen für sein Buch The Fall of Berlin 1945 (2002) Dokumente über sexuelle Gewalt, die in den Archiven der Russischen Föderation lagerten. Diese Berichte waren von der sowjetischen Geheimpolizei zusammengetragen und Ende 1944 an ihren Chef Lawrentij Berija übergeben worden.

    „Diese Berichte wurden Stalin vorgelegt. Sie enthalten Hinweise auf Massenvergewaltigungen in Ostpreußen und berichten, dass deutsche Familien es vorzogen, ihre Töchter zu töten, um ihnen dieses Schicksal zu ersparen“, sagte Beevor.

    Anpassung, um zu überleben

    Eine weitere Quelle ist das Tagebuch der Freundin eines deutschen Soldaten. Es schildert, wie Frauen sich den entsetzlichen Umständen anpassten, um zu überleben.

    Ab dem 20. April 1945 – zehn Tage vor Hitlers Selbstmord – beschreibt die anonyme Autorin die Szenen, die sich unter ihren Nachbarn während der Bombenangriffe auf Berlin abspielten.

       
       
    Berliner hatten Bürsten mit den Soldaten, die sie von den Nazis befreit. / Foto: BBC Mundo.
       
       

    Die Frau berichtet, dass die Menschen in den Luftschutzkeller des Hauses rannten. Sie erwähnt auch eine „junge Person in grauer Hose und mit Sonnenbrille“, die sich bei genauerem Hinsehen als Frau entpuppte.

    Sie beschreibt außerdem drei ältere Schwestern, die während der ganzen Zeit beieinander blieben und sich gegenseitig umarmten. Dabei scherzten sie: „Lieber ein Russky (Russe) oben als ein Yank (Amerikaner) von oben.“ Mit anderen Worten: Eine Vergewaltigung war immer noch besser, als von amerikanischen Bomben zerrissen zu werden.

    Als die Sowjets eintrafen, baten die Frauen die Tagebuchschreiberin, ihre Russischkenntnisse zu nutzen, um mit dem zuständigen Offizier zu sprechen. Sie verließ daraufhin den Schutzraum und sprach mit ihm, doch er zuckte nur mit den Schultern. „Er tat so, als ob alles einfach so geschehen würde“, notierte sie später.

    Die Soldaten verschleppten die Nachbarin aus dem Keller, vergewaltigten sie brutal und würgten sie beinahe zu Tode, um sie zum Schweigen zu bringen. Als die anderen Nachbarn kamen, fanden sie sie mit heruntergerutschten Strümpfen und Schuhen. In ihrer Hand hielt sie noch einen der Träger ihres Büstenhalters.

    Sie schrie: „Schweine! Die haben mich zweimal hintereinander vergewaltigt und dann wie Müll liegen gelassen“, heißt es im Tagebuch.

       
       
    Berlin wurde von alliierten Bombenangriffe zerstört. / Foto: BBC Mundo.
       
       

    Dann erkannte sie, dass sie, um sich vor massenhafter Gewalt zu schützen, einen „Wolf“ finden musste – einen Offizier, der sie beschützen konnte. Sie begann eine weniger gewalttätige, eher transaktionale Beziehung mit einem Offizier aus Leningrad.

    „Auf keinen Fall kann ich sagen, dass es Vergewaltigung war. Was tue ich für Tabak, Zucker, Butter, Kerzen und Fleischkonserven? In gewisser Weise bin ich sicher. Außerdem – je weniger er von mir will, desto mehr mag ich ihn als Menschen“, schrieb sie.

    Das Tagebuch wurde 1959 unter dem Titel Eine Frau in Berlin veröffentlicht, rief jedoch heftige Proteste in der Öffentlichkeit hervor, weil es angeblich den Ruf deutscher Frauen beschädige.

    Neue Vorwürfe 70 Jahre später

    Der 70. Jahrestag des Kriegsendes brachte neue Untersuchungen und Vorwürfe über sexuellen Missbrauch durch alliierte Soldaten – Amerikaner, Briten, Franzosen und Sowjets – zutage.

    Doch das befreiende Gefühl für viele Frauen konkretisierte sich erst 2008 mit der Premiere des Films Anonyma – Eine Frau in Berlin, einer Verfilmung des Tagebuchs. Der Film hatte eine kathartische Wirkung auf viele Überlebende, die bis dahin geschwiegen hatten.

       
       
    Ingeborg erzählt, nahm Zuflucht im Keller seines Gebäudes, als die Sowjets kamen. / Foto: BBC Mundo.
        
        
    Die Frau dachte, sie würde sterben. / Foto: BBC Mundo.
       
        

    Eine der Betroffenen ist Ingeborg Bullert, heute 90 Jahre alt. Sie berichtet, dass, als die Sowjets in ihr Viertel in Berlin einrückten, Panzer auf den Straßen standen. Wie alle anderen suchte sie Schutz im Keller ihres Wohnhauses.

    In einer der Bombennächte verließ sie das Kellerversteck, um in ihrer Wohnung ein Stück Seil zu holen, an dem sie eine Lampe aufhängen wollte. Plötzlich wurde sie von zwei sowjetischen Soldaten überfallen, die sie mit Waffen bedrohten.

    „Sie haben mich vergewaltigt. Ich dachte, sie würden mich töten“, erinnert sie sich. Ingeborg sprach nie über dieses bittere Erlebnis – es schien ihr zu schwer, es jemandem anzuvertrauen. „Meine Mutter prahlte immer damit, dass ihre Tochter nie geschändet wurde“, sagt sie.

    Die Zahl der Opfer wird nie vollständig bekannt sein

    Allein zwischen Juni 1945 und 1946 wurden in einem Berliner Stadtteil 995 Anträge auf Abtreibung gestellt. In den Akten befinden sich Berichte von Kindern, die in Handschrift niederschrieben, was ihnen im Elternhaus geschehen war – ein erschütterndes Zeugnis sexueller Gewalt.

       
       
    Die Sowjets hoben ihre Flagge auf dem Deutschen Bundestag. / Foto: BBC Mundo.
       
        

    Eine endgültige Zahl der Todesopfer wird wohl nie bekannt werden. Als Informationsquellen bleiben nur vereinzelte Anzeigen und Protokolle von Militärgerichten.

    In Russland hat die Duma ein Gesetz verabschiedet, das vorsieht, dass jede Person, die die Rolle Russlands im Zweiten Weltkrieg „verunglimpft“, mit Geldstrafen oder bis zu fünf Jahren Gefängnis rechnen muss.

    Vitaly Gelfand, Sohn des Tagebuchautors Vladimir Gelfand, bestreitet nicht, dass viele sowjetische Soldaten im Krieg Mut und Opferbereitschaft zeigten. Aber, betont er, das sei nicht die ganze Geschichte.

    „Wenn Menschen die Wahrheit nicht wissen wollen, täuschen sie sich selbst. Die Welt versteht das, Russland versteht es – und auch jene, die diese Gesetze machen, um die Vergangenheit zu beschönigen, verstehen es. Wir können nicht voranschreiten, wenn wir nicht zurückblicken“, sagt Vitaly Gelfand.